Poemas cortos de Una Mujer, Un Mar en Calma: 2019 Escritora Arjona Delia
Escritora Arjona Delia

21 de enero de 2019

Cartas de amor: Primer mes


¡Un mes! Ayer cumplimos un mes de amor, de gozo, de paz, de felicidad, de alegría…
Creo que no me alcanzaría el tiempo para decir todo lo que sentí este mes…
Abril… ni tú ni yo olvidaremos ese mes, el más hermoso, donde el sol es tibio, suave, los días cálidos, y en el que nació nuestro amor.

Cartas de amor sencillas
















¡Cuánto te quiero! Y cuánto agradezco al habernos conocido, el habernos enamorado, el conocernos cada día un poquito más, el estar juntos, unidos… aún en la distancia.
Nunca pensé que iba a sentir algo así por alguien, que iba a conocer a alguien como tú, simpático, amable, cortés, “poeta”, enamorado.
Mi amor, me alegro muchísimo que mis cartas te gusten, pues esto me insta a escribir, (de lo contrario, si no te gustaran, no te escribiría tan seguido)
¿Sabes qué? Por más que quiero evitar repetir mis palabras, no puedo, no puedo dejar de escribir y expresar en el papel lo mucho que te quiero.
Algunos dicen que el repetir o hacer siempre lo mismo llega a ser rutina… pero nuestro amor no lo es. No puede serlo porque no siempre es igual, sino que crece. Gradualmente, pero crece.
Es gracioso, pero si alguien me pidiera que explicara qué es el amor, no sabría qué decirle. Me costaría explicarlo.
Mi amor: ¿hay algo más hermoso que estar enamorado?
¿Hay algo más hermoso que sentir que nos quieren, que nos necesitan, que nos extrañan?
Bueno, sé que no es todo lo que yo quisiera escribir, no son suficientes estas líneas, pero hay responsabilidades que una debe cumplir y no puedo cerrar mis ojos a la realidad.
¡Chau, mi amor! ¡Te voy a extrañar!
Y espero que no sólo cumplamos un mes, sino que más adelante no se puedan contar de los muchos que serán.
Ah, otra cosa: “¡Escríbeme!”. Aunque sean tonterías, aunque no te salga nada.
Sé que tus palabras me van a llegar al corazón más que cualquier bonita palabra que cualquiera pudiera decir, y ¿sabes por qué? Porque son tuyas, porque tú sabes lo que se siente al recibir una carta de alguien que te quiere, aunque diga o no cosas importantes.
¡Sigue así, mi amor!







Publicado en el libro "Cartas de amor con poesía"
Todos los derechos reservados.
Copyright ©12/04/2016 by Arjona Delia





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19 de enero de 2019

Cartas de amor: Amor a la distancia


Hola, mi cielo, ¿cómo lo estás pasando en estos días preciosos? Espero que muy bien.
Y estoy muy bien y muy contenta por el hecho de que escribiste a casa. Ya ves que si  recibí tu carta es porque no me la rompieron. Igual, no te preocupes ya que por aquí las cosas respecto a tu papá y a ti, andan bien. Se podría decir que ‘excelente’ ya que de vez en cuando preguntan por ti. No sé si será por curiosidad o por qué.

Cartas de amor y poesía

















En la carta que recibí hoy me decías que me enviaste un cuentito a tu casa, pero aún no lo he recibido, por lo que no podré decirte si me agrada. Pero en cuanto a los versitos o pequeñas poesías que me envías… bueno… contigo uno aprende. Dice el dicho que el alumno supera al maestro, ¿verdad? Pero en este caso a mí no me gustaría superar al maestro ya que como sabes, mi debilidad son las cosas pequeñas y no creo que algún día llegue a hacer poesías más largas.
Y gracias por decirme que te gustaron los dibujitos que te envío, pues me das incentivo para hacerte más. Gracias también por decirme que no gaste en cartas certificadas, que te las mande simples. ¿Hacemos un trato? Por cada carta que te mandaba antes certificada, ahora te enviaré cuatro cartas simples más y así saldré ganando: ¡cinco cartas por el mismo costo que una y estaremos más comunicados que antes! ¿De acuerdo, mi amor? Cariño, recuerda que aún te quiero y te necesito. Gracias por decirme que tú necesitas que yo te lo diga…






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17 de enero de 2019

Cartas de amor sencillas

¡Hola, amor!
Hoy sí llegó el cartero, ¿y sabes para qué? Para agradecerte la muy linda tarjeta del atardecer que me enviaste. Sinceramente me gustó muchísimo y me hizo pensar en el atardecer que tanto deseo compartir contigo. La carta que me diste también me agradó y me alegro de que mi carta te haya gustado, pero sinceramente, todo, todo lo que escribís es verdadero, aunque me da un poco de rubor reconocer que desee todas esas cosas.

Cartas de amor y poesías



















 Pero, ¿sabes? Me ocurre que cuando me pongo a pensar, me asusto de mis propios pensamientos. Porque es la primera vez que deseo que otra persona haga lo que yo hago, que piense en lo que yo pienso, que desee las mismas cosas, que sienta lo que yo siento, que esa persona me quiera y que piense en mí… y esa persona “eres tú”.
¡Cómo me gusta llamarte por tu nombre! Te confieso algo: creo que las chicas del taller se dieron cuenta que algo raro me pasa, porque dicen que estoy mucho más pensativa que antes y a veces tengo ganas de gritarles ¡que sí! ¡que pienso en alguien y que ese alguien eres tú! Que pienso en tus hermosos ojos color cielo, chiquitos pero que tienen encerrados en ellos un gran amor, ojitos que me dicen tantas cosas a la vez, me dicen que me quieren, que me necesitan y me extrañan…
Querido amor… ¡cuánto, cuánto desearía que mis ojos te dijeran las mismas cosas y muchas más! Pero no se animan, no quieren hablar. Aún así, pienso que un poco más adelante se animarán a hablarte y te dirán que te necesitan, que te aman, que te extrañan, que ríen cuando tú ríes, que lloran cuando tú lloras, que sufren cuando tú sufres.
Mi amor: tan sólo pasan horas desde que no nos vemos y ya te extraño… ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué deseo que estés a mi lado todo el día? ¿Por qué deseo que caminemos juntos, aunque sea en silencio, pero unidos? ¿Por qué es que siento tantas cosas raras y no puedo explicarlas? ¿Por qué deseo escribirte, contarte y decirte tantas cosas? ¿Por qué es que siento que si tú me faltas es como si me faltara el aire y el agua? ¿Por qué?
Si tú lo sabes, ¡cállalo! Porque yo también lo sé, pero me da miedo reconocerlo. Este amor es cierto, no es un sueño, es una realidad.
Como te decía, tendremos muchas oportunidades de escribirnos, pero no sé, es un deseo nuevo en mí el de escribirte estas cartas aunque nos veamos regularmente.
Hay algo que me impulsa a expresar en un papel lo que siento, lo que pienso, algo que no me deja que me quede con mis sentimientos, algo que me guía y que guía a mi mano a escribir.
No quiero cerrar los ojos a la realidad. Sé que más adelante [cuando te trasladen a Magdalena] te voy a extrañar, y mucho. Voy a extrañar tu voz, el perfume de tu piel, tu mano sobre mi hombro, que tú camines a mi lado, que me digas que me quieres, tus hermosos ojos, pedacito de cielo que me miran…
Sé que los días pasan rápido, pero creo que tú me entiendes, que piensas igual que yo, que cuanto más te veo, más quiero verte… quizás mañana vuelva a escribirte otra carta igual que esta, pero bueno… creo que nunca me alcanzará el papel para expresarte todos mis sentimientos. Espero no haberte cansado al repetirte tantas veces que “te quiero”.
¡Buenas noches, mi amor!








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14 de enero de 2019

Cartas de amor cortas

Mi muy querido amor:
¿Qué puedo decirte que no te haya dicho ya? Conoces mis sentimientos y cada día que pase me irás conociendo un poco más, al igual que yo a ti.
Lo único que puedo decirte es que nunca creí que fueras como eres. Me gusta todo de ti. Tu manera de ser, de reír, de hablar, de tomar las cosas…

Cartas de amor y poesía
















¿Sabes? Te confieso que a veces estoy un poco triste o decaída por equis razón y cuando te veo a ti, cuando veo tu felicidad, tú me la transmites, me haces sentir feliz a tu lado. Cada vez que me dices que me quieres es como sentir que lo tengo todo, que tu amor lo cubre todo.
Sé que me quieres y te lo agradezco mucho. Te agradezco que me hagas sentir feliz a tu lado, que me comprendas. Será por eso que cada día tengo más ganas de verte, de estar a tu lado, de conversar contigo y de escucharte. Sólo te pido una cosa… ¡nunca dejes de quererme! Te necesito a mi lado para creer, para esperar, pero por sobre todo… para amar.
Sólo recuerda esto: “que hay en algún lugar del mundo una casita para los dos”.
Creo que no faltarán ocasiones para seguir escribiéndonos, pero me gustaría muchísimo que tú también escribas otra ahora, ya que a mí también me gustan tus cartas, aunque más me gustan tus poesías porque reflejan un poco tu personalidad, ya que vuelcas en ellas todos tus sentimientos, tu manera de pensar…
 Sólo una cosa más… ¡No cambies nunca!

“Con amor de tórtolos”,






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12 de enero de 2019

Cartas de amor: No te olvido

Te quiero y te necesito.
No creas que mi amor se va apagando o que te olvido… ¡No! Por favor. No te olvido.



Cartas de amor y poesía














Yo aún te quiero. Te necesito más que antes. Tú eres el fósforo que enciende mi llama. Si tu fósforo nunca se apaga, mi llama seguirá encendida. Si tu amor por mí no muere, no morirá el mío, ya que si sigue existiendo y crece, es porque tú estás vivo y porque me quieres…
Es cierto lo que tú decías… “si el fuego es grande, el viento no lo apagará fácil”. Si nuestro amor es verdadero, no puede apagarlo el viento de las dificultades ni ninguna tormenta de problemas que quizás debamos afrontar.
Te quiero, mi amor. No lo olvides, y recuerda que si yo sigo existiendo, es para amarte.
“Espero verte pronto”.







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10 de enero de 2019

Ejemplos de Cartas de amor


Querido Amor: Te escribo porque siento necesidad de hacerlo. Acabo de leer tu poesía, me gustó muchísimo, me emocionó y me movió a escribirte y expresar en unas líneas lo que siento en este momento.
Sueño en el día en que formemos un hogar, “los dos juntos”. No importa dónde sea, ¡qué importa que haga frío, calor, viento o lluvia! Lo único importante es que tú me quieras y yo te quiera, todo lo demás es secundario.















Pero si a ti te agrada mucho la naturaleza, y tienes deseos de ir a Córdoba, a San Luis o adonde sea, iremos, porque “adonde tú vayas, yo iré”. Te seguiré porque te necesito. Por eso te esperaré todo el tiempo que sea necesario a fin de realizar nuestro sueño. No habrá nada ni nadie que impida que se realice. ¡Qué importa lo que mi padre piense! ¿Qué importa si se opone, o si no te recibe como debería? ¿Qué importa? Si lo único que importa es nuestro amor.
¡Te quiero! Nunca me cansaré de repetir estas palabras y espero que tú tampoco.
¿Sabes cómo sueño que sea nuestra casa? Una casa chiquita pero llena de amor, con un enorme jardín, con muchas flores que ambos cuidaremos con cariño. Pero no tan pequeña, porque también deseo que por ese jardín correteen unos cuantos chiquitos que se parezcan a nosotros dos, que tengan el color de tus ojos y el de mis cabellos, y que todos juntos corramos por el campo, y que tú cortes florecillas silvestres para mí, y que cuando nos cansemos de correr, nos sentemos debajo de un árbol y que tú recites poesías para mí…
Sólo espero que tú también desees estas cosas y que no queden en un sueño sino se transformen en realidad. ¿Sabes? Últimamente no sé qué me pasa, o quizás sí lo sé pero me cuesta creerlo… pero es que deseo compartir tantas cosas contigo…
Quiero ser quien planche la ropa para ti, quien cocine para ti, quien te abra la puerta cuando llegas de trabajar y quien te prepare el desayuno a la mañana o quien te despida con un beso.
También, mirar juntos hacia el cielo, ver la luna, las miles de estrellas de un cielo limpio, o contemplarlo claro y celeste… como tus ojos.
Ver el atardecer con sus infinidades de colores hermosos. Caminar por las veredas llenas de hojas secas y que al pisarlas hagan ruido, un sonido bello como nuestro amor. O sentir el silbido de los pájaros cuando van a sus nidos al atardecer.
Sentir en la piel el tibio sol del otoño o que tú me regales una flor que las representa a todas, o en los días de lluvia ver por el cristal cómo resbalan las gotas, una tras otra.
No sé si a ti se te ocurre lo mismo. Es raro, pero es la primera vez que me detengo a pensar en estas cosas y la primera vez que deseo compartirlas con alguien, y me alegro muchísimo de que ese ‘alguien’ seas “tú”.
Quisiera contarte tantas cosas, pero soy tonta, y a veces no me salen las palabras. Quizás más adelante, cuando te conozca más, me anime.
Me gustan las cartas, nunca recibí una y espero que la tuya sea la primera.
Como ves, se acaba la hoja y no puedo escribir más, pero no faltarán ocasiones de hacerlo.

Firma: “Alguien que piensa en vos y que desea compartir su vida contigo”.






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7 de enero de 2019

Cartas de amor

De mi libro "Cartas de amor con poesía"

Querido Amor:
Ayer me pediste que escribiera una poesía para ti, pero por más que lo intenté, no lo logro, pues nunca hice una y no sé cómo empezar, por eso prefiero escribirte una carta. Creo que escribir me ayuda mucho, porque hay cosas que me cuestan decir y la carta es un medio por el cual me puedo expresar con más facilidad y libertad.



















Mirá, no sé qué decirte, lo único que sé es que “te quiero” y que muchas veces pensé en ti.
Aún recuerdo el primer día que te vi. Fue un día que estuvimos en una construcción. No sé por qué, pero te vi y me puse nerviosa. Recuerdo que tú fuiste al mediodía. Entraste a la cocina, donde yo estaba estudiando, y al pararme me enganché la ropa con el mantel y se cayó todo; por eso cuando me saludaste por primera vez, yo estaba levantando los lápices del suelo.
Como esa vez, recuerdo otras más en que nos vimos.
¿Y sabes cuándo vinieron a mi mente, todas juntas?
El 3 de abril, cuando me declaraste tu amor. Esa noche no pude dormir, pensando en tus palabras. La verdad fue que me tomaste de sorpresa, no esperaba que tú me lo dijeras tan pronto, es decir, luego de otras veces que nos vimos (en la construcción, cuando te cebé mates, dos veces en picnics). Es cierto que nos mirábamos y que nuestra mirada lo decía todo, pero en sí, vos no me dabas ninguna señal de que yo te interesara. Sólo me la diste en el casamiento de Hugo, al obsequiarme una rosa... (“¿Quién la quiere?”- preguntaste. Y la pusiste en mi mano). Yo pensé recién ahí que empezaba a gustarte y esperaba que algún día me lo dijeras, pero no tan pronto. Por eso es que me sorprendiste con tu proposición.
Ayer me sacaste de una duda, pues vos me gustabas desde el primer día en que te vi. Aún cuando yo no te amaba, siempre que tenía la oportunidad, trataba de averiguar cosas de vos. Y cuando me dijeron que “ya estabas ocupado”... ¡qué desilusión tuve! Yo te hubiera dicho desde el primer día que te quería, pero me costaba demasiado decírtelo, por mi timidez (una debilidad que quiero vencer y espero que con tu ayuda pueda hacerlo).
“Quiero comprenderte” y quererte cada día más.
Asimismo, quiero que tú también me comprendas y me tengas paciencia. Aún no me conoces como persona y espero no decepcionarte, que la imagen que tienes de mí, nunca, nunca se borre, es más, que crezca día a día, como nuestra espiritualidad. Sólo espero no haberte cansado con esta carta. Me parece que el papel es demasiado frío para explicar lo que siento dentro de mi ser. Es imposible poder explicarlo sólo con palabras o transmitirte todas las cosas que siento. Lo único que me sale ahora es que “te quiero”...
No quiero lastimarte y no quiero que tengas dudas. Si a veces no te respondiera como debería hacerlo, te pido que me comprendas y que me ayudes. Si a veces hiciera algo mal o algo que no correspondiera, me gustaría que me lo dijeras y trataré de progresar, de mejorar en conducta, apariencia y habla.
Por medio de estas cartas vas a conocer un poco más cómo soy. Me gusta escribir y espero que a ti te guste leer. No escribo mucho pero cuando lo hago trato de expresar lo que siento y que la otra persona no se quede con las ganas de seguir leyendo. Aunque es la primera vez que escribo una carta de amor, creo que no será la última. Tendremos muchas oportunidades de seguir escribiéndonos, muchas más. Pero en todas, las únicas palabras que hallarás repetidas, son dos:
“TE QUIERO”.
Dos palabras que aprenderás a conocer cada vez más.
Con cariño y amor sincero.





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4 de enero de 2019

LOS TRES REYES MAGOS - Poemas cortos para niños -

Para este 6 de enero pedí tu deseo sincero, pues están llegando de lejos los tres reyes de Belén. Traen muchos juguetes para todos los pequeños que se portaron bien. Escribí pronto tu cartita que ya llegan muy prontito los tres reyes magos.

poemas reyes magos














LOS TRES REYES MAGOS
(Arjona Delia)

¿Ya pusiste el zapatito?
Ya se acercan despacito
¡los tres reyes de Belén!
Traen juguetes y sueños
para todos los pequeños,
para los grandes también.

A la mañana temprano
muy cerquita de tu mano
tu regalo encontrarás.
Pues leyeron tu cartita
y ya vienen de visita
¡no lo olvidarás jamás!

Porque cada seis de enero
vienen estos tres viajeros
Melchor, Gaspar, Baltasar.
Cerca de tus zapatitos
deja mucha agua y pastito
¡muy prontito han de llegar!






Publicado en el libro de Arjona Delia
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POEMA  A LOS REYES PARA NIÑOS 

poemas cortos reyes magos















QUERIDOS REYES
(Arjona Delia)

Yo ya escribí mi cartita
hoy espero la visita
de los reyes de Belén.
He pedido regalitos
les he dejado el pastito
y un poco de agua también.
Ya acomodé mis zapatos
porque vendrán en un rato
Continuar leyendo el poema... 



Poemas De Los Reyes Magos




Poemas a los reyes magos












Zapatitos en las puertas
¡las ventanas bien abiertas!
¡pues los reyes hoy vendrán!
Bandejitas con pastitos
cartitas con tus escritos
¡regalos hoy nos traerán!
Son los reyes, traen sueños
para grandes y pequeños
Continuar leyendo el poema...















Gaspar, Melchor, Baltasar,
la estrella blanca los guía,
en camellos van a viajar
y juntos saldrán de gira.
Los niños escriben cartas,
piden muchos regalitos,
para que ellos los repartan





2 de enero de 2019

Cuentos y poesías: Nunca renuncies a tus sueños

Nunca renuncies a tus sueños
(Arjona Delia)

Marcelina era una mujer joven con buenos valores morales, con un corazón puro y muchas ganas de ayudar. Conocía la pobreza desde niña, ya que su papá y mamá, junto a sus tres hermanos había venido de la provincia de Misiones a trabajar a Buenos Aires porque la situación económica de donde vivían se había profundizado a tal punto que las necesidades eran extremas y la madre de Marcelina pensaba que en Buenos Aires encontrarían más oportunidades para que sus hijos crecieran fuertes y saludables.



















Los padres de Marcelina habían vendido todas sus cosas que tenían en Misiones y con el dinero habían logrado comprar una humilde casita, pero con suficiente terreno como para poder, en épocas de bonanza seguir construyendo y agrandando su hogar para que pudieran estar más cómodos, y con mucho esfuerzo, trabajando lo habían logrado.
Marcelina era joven de unos veintidós años de edad, de un metro sesenta de altura, con un cuerpo escultural, morocha de cabellos largos, con unos ojos marrones muy grandes, que parecía que Dios se los había dado para que observara todo a su alrededor. De un carácter muy agradable, servicial y muy simpática. Todo el tiempo sonreía como si quisiera dejar al descubierto esa hermosa sonrisa que le había sido heredada de su padre.
Conoció desde niña la pobreza junto a sus tres hermanos y por eso siempre ayudaba a su madre en la elaboración de empanas, pizzas y panes que ellos mismos vendían a sus vecinos casa por casa para obtener el sustento diario. Y lo estaban logrando, pues les iba muy bien, al punto que siempre vendían toda la producción que elaboraban en el día.
Marcelina había crecido con buenos valores y con una marcada empatía hacia los demás, a tal punto que tenía un sueño muy arraigado en su corazón, el deseo de conseguir los fondos suficientes para edificar en unos de los terrenos que tenían libre un gran espacio para que los niños necesitados tuvieran un lugar donde aprender, jugar y alimentarse sanamente; para que pudieran crecer sanos y tuvieran la oportunidad de desarrollar todas sus capacidades mentales para tener un mejor futuro.
Marcelina,  era muy inquieta y sensible, sus sueños y deseos altruistas le nacían desde el fondo de sus entrañas, conocía la marginalidad desde cerca gracias al recorrido que hacía para vender los productos que ella misma elaboraba.
Así que Marcelina, con ese sueño en mente, fue colocando en una latita, que tenía escondida en su dormitorio, todos los días, el diez por ciento de lo que ganaba  con la venta de sus productos,  apostando a ese sueño que no la dejaba dormir.
En relativamente poco tiempo, ya con veinticuatro años de edad cumplidos había logrado reunir una pequeña cantidad de dinero, no era mucho, pero sí lo suficiente para empezar a construir la oportunidad de un futuro para muchos niños.
Pero era consciente que sola no podría, que necesitaba más corazones generosos y más manos que estuvieran dispuestas a colaborar con su fantasía de sacar a los niños de la pobreza.
Así fue que dibujó en una hoja su proyecto, era simple, un galpón de unos diez metros de largo por unos cuatro metros de ancho, de ladrillo hueco, con tirantes de madera y chapas de las mejores para que en los días de lluvia el agua no les filtrara y les diera alguna sorpresa. Tenía la ilusión de que tuviera piso de mosaico para que fuera fácil su limpieza y paredes en los cuales pudiera colgar varios pizarrones para que los niños dibujaran barriletes de colores en el mismo.
Quería que dentro hubiera una enorme mesa, con sus respectivas sillas, para que todos se ubicaran cómodamente. Y tenía planeado que contra una de las paredes se situaran, en forma lineal, cinco lavamanos con sus respectivas canillas de aguas y sus toallas colgadas a un lado. La idea era que cada niño, antes de comer, fuera aprendiendo la importancia del lavado de sus manos para prevenir enfermedades.
Parecía un sueño muy difícil de cumplir, pero no bajaba los brazos y sus deseos se hacían cada vez más fuertes, por eso, apostó a ello.
Hizo imprimir su proyecto esbozado en un papel y le entregó sus sueños a sus clientes y a comercios que le quedaban a su paso.
La idea que tenía era que colaborarán con lo que quisieran o pudieran. Podía ser desde tiempo a materiales de construcción que ya no usaran, incluso esas baldosas o cerámicas que quedan de remanente luego de una construcción y que nunca llegan a  usarse, sillas en desuso que se podrían reciclar para ser reutilizadas, ropas de niños, juguetes usados, o gente dispuesta y con gran corazón que deseara darles unos momentos de regocijos y se vistieran de “payasos” o “super héroes” para alegría de los más pequeños.
A veces pensaba que su sueño era demasiado grande y perdía las esperanzas, pero otras veces, cuando  veía a los pequeños en su cotidianidad de trabajo cambiaba de opinión y resurgían esas inmensas fuerzas y deseos desde el fondo de sus entrañas. Así que con la colaboración de un kiosquero que le regaló la impresión de cien fotocopias de su bosquejo, porque dijo que creía en ella y por eso aportaba su granito de arena, que para Marcelina ya era una gran montaña, empapeló toda la ciudad repartiendo “su sueño” proyectado en un papel.
Consiguió que varios negocios le dieran el suficiente efectivo para empezar a construir el galpón que llamaría “Rincón de sueños” porque al fin y al cabo era eso, el rincón donde ella plasmaría sus sueños. Otros se habían comprometido a donar de su tiempo algunos fines de semana, para cortar el pasto, hacer limpieza general o entretener a los más pequeños. Y los que querían donar materiales, ropa, juguetes o mobiliario fueron haciendo acopio en sus casas hasta que estuvieran levantadas las paredes y el sitio estuviera techado.
Y así fue que al año de haber empezado con su proyecto de “Rincón de Sueños” por fin comenzaba la construcción del mismo. Veía como con cada ladrillo que se levantaba se elevaban hasta el cielo sus sueños. Con cada ladrillo la gente veía que no era solo un deseo de Marcelina, si no que se estaba haciendo realidad y por eso cada vez tenían más ganas de colaborar, incluso hasta los niños venían a ayudar contagiados por el ejemplo de los más grandes.
Ya había logrado tener un techo donde plasmar sus deseos, un rincón de aprendizaje y de juegos donde los pequeños aprendieran valores y respeto.
Veía allí, en una esquina la pila de mosaicos que le habían donado para el piso del comedor, si bien eran de diferentes tamaños y colores, no le importaba porque se veían muy coloridos y pensaba que le darían matices al suelo y que eso a los niños seguramente les iba a encantar y de paso serviría para que fueran aprendiendo los colores y tamaños y dibujaría con ellos una rayuela y una escalera al cielo.
Pero no conseguía quien la ayudará a colocarlos en el piso, quien hiciera el trabajo de albañilería de colocación de cerámica, pero no se desanimó. A su memoria vino su padre quien toda su vida se había dedicado a eso, pero que hacía cinco años que los había dejado y había pasado a otra vida. Pero ella que era muy observadora siempre lo miraba cuando arreglaba su casa y más o menos tenía una idea de cómo se realizaba el trabajo. Así que se animó, se arremangó y empezó a dibujar garabatos con los restos de mosaicos y cerámicos donados.
Era domingo, ya que Marcelina no trabajaba los domingos los dedicaba a mejor su “Rincón de sueños” y siempre venía algún vecino a ofrecer su tiempo o sus donaciones para que el proyecto avanzara más rápido.
Ese domingo se acercó Gastón con sus dos hijos, dos varoncitos de unos tres y otro de cuatro años de edad. La vio allí, arrodillada en el piso, con guantes en sus manos y un balde con mezcla preparada para la colocación del piso y se presenta:
— ¡Hola! Mi nombre es Gastón y la semana pasada me enteré de tu historia y de tu generoso proyecto y quise venir a colaborar con mi tiempo, haciendo lo que sea, para que el mismo. Puedo venir solo los domingos que es cuando tengo libre y traje a mis hijos para que vean el lugar y que ellos también puedan disfrutar de este espacio que generosamente ofreces.
Marcelina se levanta, se sacude el polvo de las rodillas, se quita los guantes, se limpia las manos en su pantalón y le extiende su mano en señal de saludo.
— ¡Encantada! Mi nombre es Marcelina y agradezco, en nombre de los niños que vengas a ofrecerte a colaborar con tu tiempo. Justo estaba necesitando a alguien para que me fuera alcanzando las cerámicas, pues las estoy colocando yo misma porque no puedo con mi ansiedad de ver terminada esta obra y pensé que podría ir adelantando si le echaba manos a la obra. Y por supuesto que aquí hay lugar para tus hijos. ¡Bienvenidos!
Gastón alarga su mano para estrechar las de Marcelina.
— ¡Mucho gusto Marcelina!
Luego Marcelina se agacha y besa a ambos niños y les dice:
— ¡Bienvenidos! Aquí podrán dentro de poco venir a jugar y a aprender.
Los niños le preguntan si pueden jugar con una montañita de arena que había allí en un rincón. Marcelina mira a Gastón quien asiente con la cabeza y entonces ella les responde:
— ¡Por supuesto! Pero después cuando terminen de jugar deberán acomodar todo lo que desordenen y lavarse bien las manos.
Los niños asienten con la cabeza y rápidamente salen corriendo en dirección a la montaña de arena que había allí para hacer castillitos de sueños.
Y mientras Gastón y Marcelina continúan con la colocación de las cerámicas del piso. En un momento llega una camioneta y les trae comida recién hecha y calentita. Se miran y se preguntan quién sería el que les mandaba el almuerzo justo cuando el hambre estaba dando señales en sus necesitados estómagos. La recibe Marcelina, saluda y da las gracias.
Durante los sábados y domingos siguientes cada vez se acercaban más personas para colaborar. Se acercó Ana, una muchacha de unos veinticinco años de edad que se ofrecía a hacer los trabajos de limpieza junto con su esposo Martín, para barrer o acomodar lo que fuera necesario. Julio un hombre de unos cuarenta años que traía su propia máquina de cortar pasto para emprolijar la alfombra verdosa donde correteaban sus cuatro hijos. A julio lo ayudaba José, quien recogía el pasto que iban cortando, en bolsas negras que él mismo traía. También venían a ayudar sus tres hermanos varones, cada vez que el tiempo se los permitía ya que trabajaban arduamente para alimentar a sus familias.
Todos los fines de semana venían todos a colaborar con “Rincón de sueños” en la medida que el tiempo de cada uno se los permitía. Y cada sábado y domingo volvía a repetirse la llegada de la comida sabrosa y calentita para cada uno de los que estuvieran trabajando ese día. Marcelina se preguntaba quién era ese alma angelical que los estaba observando y cuidando con tanto amor y que se preocupaba por ellos.
Con Gastón también se repetía la misma historia, se acercaba todos los domingos a donar su tiempo y sus hijos corrían apresuradamente a jugar con la arena.
Un día Marcelina le pregunta a Gastón por la madre de los niños.
— ¿Y la mamá de los niños?
— ¿Vanesa? En su casa, seguro mirando la televisión.
— ¡Ah! Invítala para que venga a conocernos…
— ¿A Vanesa? No creo que quiera venir. Aparte estamos separados hace dos años. Yo me quedo con los niños los fines de semana por eso los traigo aquí.
— ¡Ah! Disculpa, no sabía, perdón.
—No, no pasa nada. Me engaño con otro hombre y entonces nos separamos. Ahora tuvo otro hijo y por eso ahora compartimos el tiempo de los hijos, así ella está más aliviada. La pareja se rompió pero quedamos en buenos términos, por los niños más que nada. Ahora estoy solo y me ocupo de ellos los fines de semana, pero feliz de hacerlo.
—Claro, entiendo…
Marcelina sentía que algo le estaba pasando con ese hombre, por eso estaba interesada en saber algo más sobre él. Se alegró al enterarse que estaba separado.
Por fin al mes culminan el tan deseado piso y al mirarlo no pueden creer lo maravilloso que les quedó. Una paleta de colores con tonos en verde, amarillo, blanco, negro y beige, recortes de diferentes cuadrados pero que a la vista de los niños se veía fantástico, lo que ayudaría a mantener la limpieza y le daría colorido al salón.
— ¡Al fin, Gastón! No sabes lo que significa para mí ver terminado “Rincón de sueños. Un espacio con el que soñé toda mi vida, donde pudiera plasmar mis deseos más profundo de ayudar a quienes más necesitan, porque en su momento yo necesite, mis madre necesito y mis hermanitos necesitaron. Sé lo que se sufre ante la necesidad y la pobreza. Quiero que esté lugar sirva para que los más pequeños dibujen garabatos en el tiempo. Para que aprendan a compartir sus sueños y proyectos y los hagan realidad.
Ambos estaban felices de ver el piso tan reluciente y colorido que se abrasaban sin poder contener la emoción.
— ¡Al fin, Marcelina! estoy muy contento de haber contribuido con este sueño.
Concluye Gastón dándole un abraso muy fuerte y un beso en la mejilla.
Marcelina sintió que el corazón se le aceleraba de sentirlo tan cerca. Sintió su piel tan perfumada y su barba de tres días que le rosaba la piel. Marcelina se alejó por miedo, no entendía qué le estaba pasando. Él la miró y sonrió sin decir nada.
Y todos los que habían colaborado con el proyecto aplaudían y saltaban de alegría. Sabían que aún faltaba mucho trabajo por hacer, ya que las paredes aún estaban sin revocar y faltaba todo el mobiliario para que estuviera en funcionamiento. Por suerte, las ventanas con sus respectivos vidrios y las puertas estaban colocadas. Tenían el techo que les daría cobijo que era lo más importante. Los cinco lavamanos ya estaban funcionando correctamente, como también los dos baños que se habían construido.
Y ahora estaban allí todos preparándose para almorzar, Ana, Martín, Julio, José, Gastón y Marcelina en una pequeña mesa improvisada y los cuatro hijos de Julio y los dos de Gastón haciendo fila para lavarse las manos con jabón antes de almorzar.
Su charla se centraba en los avances del proyecto y de las cosas que soñaban para los pequeños. Marcelina iba anotando todo en un cuaderno, todo lo que necesitaban para finalmente abrir “Rincón de sueños” pues no quería que ninguna buena idea quedara sepultada en el olvido. Y las conversaciones también derivaban en la incógnita del personaje secreto que les mandaba las viandas tan gustosas y calentitas.
Y de repente, ese domingo, cuando estaban haciendo la lista y almorzando llega un camión con varias mesas redondas de madera, varias sillas y varios bancos, se notaban que eran de segunda mano, como si algún restaurante hubiera cambiado todo su mobiliario y los estaba donando allí. ¡Pero bienvenido sea! pensaba Marcelina, todo nos sirve.
Sorprendida pregunta al chofer del camión que acababa de llegar:
— ¿Quien mandó todo esto? ¿Cómo saben lo que necesitamos? ¿Quién es el ángel generoso que nos está donando todo este mobiliario?
El chofer del camión le responde que no está autorizado a decir de dónde vienen todas estas mesas y sillas, que estaba cumpliendo la orden que le fue encomendada, que era dejarlas allí y ayudar a bajar todo junto a su compañero de camión.
—Bueno, quiero que les agradezca, en nombre de todos nosotros y de los futuros niños que serán los que van a disfrutar de todo lo donado. ¡Muchas gracias! Y queremos invitarlo a que cuando quiera se de una vuelta por este lugar para que también disfrute de este proyecto.
Y el chofer le responde:
—Haré llegar sus saludos, su agradecimiento y su invitación.
Todos juntos se disponen a entrar y acomodar las mesas y las sillas, planificando dónde ira cada una.  Y nuevamente siente la bocina de una camioneta y las palmas de unas manos llamando en el lugar.
— ¡Hola! ¿Marcelina?
— ¡Hola! Sí, soy yo…
—Mi nombre es Gabriel y vengo a traer unas cajas que me dijeron que las tenía que dejar aquí como donación.
— ¿Quien las donó? Pregunta Marcelina intrigada.
—No me dijeron quien fue. Contesta Gabriel el chofer. Solo las cargué de un depósito con mi compañero y me dijeron que debía entregar todas estas cajas aquí, con cuidado, ya que contiene material que se puede romper.
Marcelina no puede más ante la sorpresa y la duda, le carcome la curiosidad queriendo saber qué contenían las cajas y quien se las habría mandado.
Llama a sus compañeros, gritando a viva voz, luego de abrir una de las cajas:
— ¡Vengan todos! ¡Vengan a ver lo que ha llegado!
Gastón se acerca y exclama: ¡Platos!
Ana con sus ojos desorbitados ante la sorpresa exclama:
— ¡No puede ser! grita Marcelina y ríe entre los nervios y la alegría.
José y Julio agarran entre los dos una de las cajas y las bajan de la camioneta, sin poder disimular la alegría.
— ¡Es de Dios! exclama José. —Dios ha escuchado tus ruegos Marcelina
— ¡Es el mérito a tu esfuerzo! Expresa Julio. —Alguien sabe de tus sueños y quiso colaborar.
Y sin poder entender todo lo que estaba aconteciendo revisan todas las cajas que contenían manteles, servilletas, tenedores, cucharas, vasos y paneras, de segunda mano. Como si fueran del mismo sitio de donde salieron las mesas y las sillas.
Imaginaban que algún restaurante decidió comprar todo nuevo y les habrían donado el mobiliario antiguo. Y festejaban contentos de alegría porque no podían creer los que sus ojos veían. Marcelina se emociona y se le caen unas lágrimas por ver su sueño hecho realidad.
Gastón, sin esconder también su emisión le dice:
— ¡Vamos, vamos, que todavía hay mucho trabajo por hacer! Vayamos colocando los manteles en las mesas para ver cómo van a ir quedando. ¡Vamos, vamos!
Ana corre a poner los manteles de las mesas que se encuentran más alejadas y Julio y José le acercan una caja que contenía los platos para que no tuviera que caminar tanto.
Los hijos de Julio y los de Gastón, en su inocencia de niño y queriendo colaborar salen afuera a cortar unas florcitas para que sirvan de decoración en las mesas.
Cuando terminan de armar todas las mesas en sus caras se ve la satisfacción del sueño cumplido.  No pueden creer que todo el esfuerzo de todo un año llegara a su fin. Con el deber cumplido, aplauden todos emocionados con lágrimas en los ojos.
Marcelina les agradece, con el corazón por toda la ayuda y el apoyo brindado.
Entonces Gastón saca de su bolcillo una cajita, de color azul, forrada en terciopelo, la abre y le dice:
—Marcelina: ¡te quiero mucho! Quiero que te comprometas conmigo. Que este sueño sea de los dos. Que caminemos a la par que este proyecto que tantas satisfacciones nos han dado a mí y a mis dos hijos.
Marcelina no podía creer que tantas cosas lindas le estuvieran pasando. Y visiblemente emocionada responde:
— ¡Qué manera de sorprenderme! ¿De dónde sacaste ese anillo? ¿Cómo hiciste para comprarlo?
Gastón dice:
—No dijiste aún si quieres…
Marcelina continúa visiblemente emocionada y no responde.

Y Gastón acota:
—Pero antes de colocarte este anillo debo confesarte la verdad…
—Yo soy el caballero misterioso que ha donado las mesas, las sillas y la vajilla que han llegado hoy. Y también quien enviaba por medio de mis empleados la comida calentita para que pudieran recuperar fuerzas para seguir trabajando.
Marcelina, ante la mirada de sus otros compañeros que no podían creer lo que sus oídos escuchaban y sus ojos veían, larga una carcajada.
—¡ja ja ja!
—Es verdad. Exclama Gastón.
Con su voz entrecortada Marcelina inquiere:
—Pero, ¿cómo es posible? Si venías a…
—Sí, Marcelina, Vine cada domingo junto a mis hijos a ayudarlos porque quería que mis hijos vieran el sacrificio que representa poder tener algo. Ellos ven todo lo que yo tengo, pero nunca llegaron a ver lo que cuesta lograr cada cosa. Y aquí pude enseñarles, mostrarles el valor de la palabra, el respeto, el ayudar a los que menos tienen como una premisa fundamental en la vida. Ellos dos lo tienen todo, una enorme casa,  los más modernos juguetes, la mejor comida porque todo le podemos comprar. Pero yo quiero que aprendan que  la vida no es tan fácil para todos, que a otros les cuesta muchísimo salir adelante y que todo se logra con tiempo y sacrificio. Aprendieron que nunca deben renunciar a sus sueños por más locos que parecen. Y a pesar que a veces crean que no lo van a lograr, con el tiempo y si se esfuerzan todo les será dado. Tú eres un ejemplo Marcelina para muchos. Eres un ejemplo para nosotros y por eso quiero que seas mi compañera, para toda la vida. Que compartas y acompañes mis sueños.
Marcelina ante la incredulidad y la emoción comenta:
—Pero de dónde…
—Soy el dueño del restaurante “Buena Carne”
— ¿El que está en el centro de la ciudad?
—Sí Marcelina, ese mismo.
—Pero qué bien guardado que te lo tenías. Jamás me lo hubiera imaginado, porque nunca diste ninguna señal de que tuvieras dinero. Es más pensé que eras un hombre pobre…
—Era pobre Marcelina, porque yo solo tenía dinero. Cuando te conocí me hice millonario. Porque me enseñaste que el valor de las personas no la dan las cosas materiales, si no los valores, el respeto, la generosidad, la empatía... Ahora puedo decir que soy millonario porque aprendí contigo todas estas cosas y lo más importante que lo aprendieron también mis hijos.
¿Entonces? ¿Aceptas que sea tu compañero del camino para toda la vida?
Marcelina intrigada y asombrada pregunta:
— ¿Qué va a pasar con “Rincón de Sueños” si acepto?
—Seguiremos haciendo las mismas cosas que hasta ahora Marcelina. Seguiremos adelante ayudando a los que más necesitan. Quizás ya no con nuestras manos, pero podría pagar horas extras a mis empleados para que los que desean puedan venir a trabajar aquí a ayudar con este proyecto tan lindo. Podrías dirigirlo para que se cumpla con las metas para la cual fue creado. No lo abandonaremos, al contrario proveeremos de lo necesario para que siga adelante, funcionando como debe. Porque yo quiero seguir aprendiendo junto a mis hijos.
Y ahora, si aceptas, nos están esperando el en restaurante con todas las mesas nuevas y arregladas para festejar esta unión, a ti y a estos compañeros que tanto supieron hacer para que el proyecto funcione. Era una sorpresa. Quería darte esta sorpresa como regalo por todo lo que me enseñaste.
Marcelina se acerca, le da un beso y dice:
— ¡Si, acepto! Acepto que seas mi compañero de vida.

Posdata: Uno nunca sabe lo que la vida nos tiene preparada. Por eso, siempre compórtate con respeto hacia los demás. Pon en alto tus valores y sonríe, pues nunca sabes quien se va a enamorar de tu sonrisa.






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