Poemas cortos de Una Mujer, Un Mar en Calma: Poema Social Escritora Arjona Delia
Escritora Arjona Delia
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28 de junio de 2019

POEMAS AL MENDIGO (ALEJANDRINO)

El invierno me destroza el corazón porque pienso en los que menos tienen. Duermen a la intemperie en un frío colchón o sobre sucios papeles de diarios, abrigados por las estrellas. Es muy duro verlos perdidos, extraviados en esas condiciones. La gente les pasa por al lado indiferentes, otros tratan de ayudar pero no es lo suficiente como para sacarlos de esa situación. Allí nace mi poema.




















 POEMAS AL MENDIGO
(Arjona Delia)

Tanta tristeza observo en la piel del mendigo,
cabizbajo su rostro tan endeble en su andar.
Eterna es su condena con harapos de abrigo,
bajo el frío y la escarcha arrastra su penar.

Hay cansancio en su alma, merodeando extraviado,
revuelve entre las ruinas para no fenecer.
Relegado, perdido, sin un rumbo esperado
se acerca a la locura hoy le toca perder.

Con muros de silencios, con miseria tropieza,
encorvado camina en un mundo sin luz.
Con sueños postergados observo su tristeza
transita sin un rumbo cargando con su cruz.

Impasible la gente es un suelo desierto
la distancia es tan grande escasea el amor.
El hambre se le agrava su presente es incierto
agoniza soñando un futuro mejor.






Poema publicado en el libro de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©28/06/2019 by Arjona Delia






Se puede compartir siempre que menciones al autor. TODOS LOS POEMAS POSEEN DERECHOS DE AUTOR. (Publicados en mis libros)

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MENDIGO DE INVIERNO 

Poemas al mendigo   




MENDIGO DE INVIERNO
(Arjona Delia)

Los recuerdos invernales
con sus lluvias torrenciales
¡me rompen el corazón!
Cada vez que el frío congela
la carencia sobrevuela
¡me despierta indignación!
Los recuerdos no son buenos,
pienso en los que tienen menos,
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Poemas Cortos Al Invierno

imagen amor+invierno+manos


 

Una tarde de llovizna,
las veredas empapadas,
las hojas de los árboles,
corren carrera en el agua.

Mirando por la ventana,
calefacción encendida,

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Frío Invierno


imagen invierno nieve















Llego el invierno con sus días tristes
El sol su cresta muy temprano esconde
El parque estrena su paisaje triste
Más lejano parece el horizonte.

Cuando llega la tarde los recuerdos
Reviven con su añeja realidad,
Teje la abuela al calor del fuego

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El frío Invierno


imagen frio+invierno
















Un frío implacable, que congela los huesos,

neblinas de mañana, caen sin cesar,

afuera de casa me trato de abrigar,

el cuerpo no resiste un invierno más,


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2 de enero de 2019

Cuentos y poesías: Nunca renuncies a tus sueños

Nunca renuncies a tus sueños
(Arjona Delia)

Marcelina era una mujer joven con buenos valores morales, con un corazón puro y muchas ganas de ayudar. Conocía la pobreza desde niña, ya que su papá y mamá, junto a sus tres hermanos había venido de la provincia de Misiones a trabajar a Buenos Aires porque la situación económica de donde vivían se había profundizado a tal punto que las necesidades eran extremas y la madre de Marcelina pensaba que en Buenos Aires encontrarían más oportunidades para que sus hijos crecieran fuertes y saludables.



















Los padres de Marcelina habían vendido todas sus cosas que tenían en Misiones y con el dinero habían logrado comprar una humilde casita, pero con suficiente terreno como para poder, en épocas de bonanza seguir construyendo y agrandando su hogar para que pudieran estar más cómodos, y con mucho esfuerzo, trabajando lo habían logrado.
Marcelina era joven de unos veintidós años de edad, de un metro sesenta de altura, con un cuerpo escultural, morocha de cabellos largos, con unos ojos marrones muy grandes, que parecía que Dios se los había dado para que observara todo a su alrededor. De un carácter muy agradable, servicial y muy simpática. Todo el tiempo sonreía como si quisiera dejar al descubierto esa hermosa sonrisa que le había sido heredada de su padre.
Conoció desde niña la pobreza junto a sus tres hermanos y por eso siempre ayudaba a su madre en la elaboración de empanas, pizzas y panes que ellos mismos vendían a sus vecinos casa por casa para obtener el sustento diario. Y lo estaban logrando, pues les iba muy bien, al punto que siempre vendían toda la producción que elaboraban en el día.
Marcelina había crecido con buenos valores y con una marcada empatía hacia los demás, a tal punto que tenía un sueño muy arraigado en su corazón, el deseo de conseguir los fondos suficientes para edificar en unos de los terrenos que tenían libre un gran espacio para que los niños necesitados tuvieran un lugar donde aprender, jugar y alimentarse sanamente; para que pudieran crecer sanos y tuvieran la oportunidad de desarrollar todas sus capacidades mentales para tener un mejor futuro.
Marcelina,  era muy inquieta y sensible, sus sueños y deseos altruistas le nacían desde el fondo de sus entrañas, conocía la marginalidad desde cerca gracias al recorrido que hacía para vender los productos que ella misma elaboraba.
Así que Marcelina, con ese sueño en mente, fue colocando en una latita, que tenía escondida en su dormitorio, todos los días, el diez por ciento de lo que ganaba  con la venta de sus productos,  apostando a ese sueño que no la dejaba dormir.
En relativamente poco tiempo, ya con veinticuatro años de edad cumplidos había logrado reunir una pequeña cantidad de dinero, no era mucho, pero sí lo suficiente para empezar a construir la oportunidad de un futuro para muchos niños.
Pero era consciente que sola no podría, que necesitaba más corazones generosos y más manos que estuvieran dispuestas a colaborar con su fantasía de sacar a los niños de la pobreza.
Así fue que dibujó en una hoja su proyecto, era simple, un galpón de unos diez metros de largo por unos cuatro metros de ancho, de ladrillo hueco, con tirantes de madera y chapas de las mejores para que en los días de lluvia el agua no les filtrara y les diera alguna sorpresa. Tenía la ilusión de que tuviera piso de mosaico para que fuera fácil su limpieza y paredes en los cuales pudiera colgar varios pizarrones para que los niños dibujaran barriletes de colores en el mismo.
Quería que dentro hubiera una enorme mesa, con sus respectivas sillas, para que todos se ubicaran cómodamente. Y tenía planeado que contra una de las paredes se situaran, en forma lineal, cinco lavamanos con sus respectivas canillas de aguas y sus toallas colgadas a un lado. La idea era que cada niño, antes de comer, fuera aprendiendo la importancia del lavado de sus manos para prevenir enfermedades.
Parecía un sueño muy difícil de cumplir, pero no bajaba los brazos y sus deseos se hacían cada vez más fuertes, por eso, apostó a ello.
Hizo imprimir su proyecto esbozado en un papel y le entregó sus sueños a sus clientes y a comercios que le quedaban a su paso.
La idea que tenía era que colaborarán con lo que quisieran o pudieran. Podía ser desde tiempo a materiales de construcción que ya no usaran, incluso esas baldosas o cerámicas que quedan de remanente luego de una construcción y que nunca llegan a  usarse, sillas en desuso que se podrían reciclar para ser reutilizadas, ropas de niños, juguetes usados, o gente dispuesta y con gran corazón que deseara darles unos momentos de regocijos y se vistieran de “payasos” o “super héroes” para alegría de los más pequeños.
A veces pensaba que su sueño era demasiado grande y perdía las esperanzas, pero otras veces, cuando  veía a los pequeños en su cotidianidad de trabajo cambiaba de opinión y resurgían esas inmensas fuerzas y deseos desde el fondo de sus entrañas. Así que con la colaboración de un kiosquero que le regaló la impresión de cien fotocopias de su bosquejo, porque dijo que creía en ella y por eso aportaba su granito de arena, que para Marcelina ya era una gran montaña, empapeló toda la ciudad repartiendo “su sueño” proyectado en un papel.
Consiguió que varios negocios le dieran el suficiente efectivo para empezar a construir el galpón que llamaría “Rincón de sueños” porque al fin y al cabo era eso, el rincón donde ella plasmaría sus sueños. Otros se habían comprometido a donar de su tiempo algunos fines de semana, para cortar el pasto, hacer limpieza general o entretener a los más pequeños. Y los que querían donar materiales, ropa, juguetes o mobiliario fueron haciendo acopio en sus casas hasta que estuvieran levantadas las paredes y el sitio estuviera techado.
Y así fue que al año de haber empezado con su proyecto de “Rincón de Sueños” por fin comenzaba la construcción del mismo. Veía como con cada ladrillo que se levantaba se elevaban hasta el cielo sus sueños. Con cada ladrillo la gente veía que no era solo un deseo de Marcelina, si no que se estaba haciendo realidad y por eso cada vez tenían más ganas de colaborar, incluso hasta los niños venían a ayudar contagiados por el ejemplo de los más grandes.
Ya había logrado tener un techo donde plasmar sus deseos, un rincón de aprendizaje y de juegos donde los pequeños aprendieran valores y respeto.
Veía allí, en una esquina la pila de mosaicos que le habían donado para el piso del comedor, si bien eran de diferentes tamaños y colores, no le importaba porque se veían muy coloridos y pensaba que le darían matices al suelo y que eso a los niños seguramente les iba a encantar y de paso serviría para que fueran aprendiendo los colores y tamaños y dibujaría con ellos una rayuela y una escalera al cielo.
Pero no conseguía quien la ayudará a colocarlos en el piso, quien hiciera el trabajo de albañilería de colocación de cerámica, pero no se desanimó. A su memoria vino su padre quien toda su vida se había dedicado a eso, pero que hacía cinco años que los había dejado y había pasado a otra vida. Pero ella que era muy observadora siempre lo miraba cuando arreglaba su casa y más o menos tenía una idea de cómo se realizaba el trabajo. Así que se animó, se arremangó y empezó a dibujar garabatos con los restos de mosaicos y cerámicos donados.
Era domingo, ya que Marcelina no trabajaba los domingos los dedicaba a mejor su “Rincón de sueños” y siempre venía algún vecino a ofrecer su tiempo o sus donaciones para que el proyecto avanzara más rápido.
Ese domingo se acercó Gastón con sus dos hijos, dos varoncitos de unos tres y otro de cuatro años de edad. La vio allí, arrodillada en el piso, con guantes en sus manos y un balde con mezcla preparada para la colocación del piso y se presenta:
— ¡Hola! Mi nombre es Gastón y la semana pasada me enteré de tu historia y de tu generoso proyecto y quise venir a colaborar con mi tiempo, haciendo lo que sea, para que el mismo. Puedo venir solo los domingos que es cuando tengo libre y traje a mis hijos para que vean el lugar y que ellos también puedan disfrutar de este espacio que generosamente ofreces.
Marcelina se levanta, se sacude el polvo de las rodillas, se quita los guantes, se limpia las manos en su pantalón y le extiende su mano en señal de saludo.
— ¡Encantada! Mi nombre es Marcelina y agradezco, en nombre de los niños que vengas a ofrecerte a colaborar con tu tiempo. Justo estaba necesitando a alguien para que me fuera alcanzando las cerámicas, pues las estoy colocando yo misma porque no puedo con mi ansiedad de ver terminada esta obra y pensé que podría ir adelantando si le echaba manos a la obra. Y por supuesto que aquí hay lugar para tus hijos. ¡Bienvenidos!
Gastón alarga su mano para estrechar las de Marcelina.
— ¡Mucho gusto Marcelina!
Luego Marcelina se agacha y besa a ambos niños y les dice:
— ¡Bienvenidos! Aquí podrán dentro de poco venir a jugar y a aprender.
Los niños le preguntan si pueden jugar con una montañita de arena que había allí en un rincón. Marcelina mira a Gastón quien asiente con la cabeza y entonces ella les responde:
— ¡Por supuesto! Pero después cuando terminen de jugar deberán acomodar todo lo que desordenen y lavarse bien las manos.
Los niños asienten con la cabeza y rápidamente salen corriendo en dirección a la montaña de arena que había allí para hacer castillitos de sueños.
Y mientras Gastón y Marcelina continúan con la colocación de las cerámicas del piso. En un momento llega una camioneta y les trae comida recién hecha y calentita. Se miran y se preguntan quién sería el que les mandaba el almuerzo justo cuando el hambre estaba dando señales en sus necesitados estómagos. La recibe Marcelina, saluda y da las gracias.
Durante los sábados y domingos siguientes cada vez se acercaban más personas para colaborar. Se acercó Ana, una muchacha de unos veinticinco años de edad que se ofrecía a hacer los trabajos de limpieza junto con su esposo Martín, para barrer o acomodar lo que fuera necesario. Julio un hombre de unos cuarenta años que traía su propia máquina de cortar pasto para emprolijar la alfombra verdosa donde correteaban sus cuatro hijos. A julio lo ayudaba José, quien recogía el pasto que iban cortando, en bolsas negras que él mismo traía. También venían a ayudar sus tres hermanos varones, cada vez que el tiempo se los permitía ya que trabajaban arduamente para alimentar a sus familias.
Todos los fines de semana venían todos a colaborar con “Rincón de sueños” en la medida que el tiempo de cada uno se los permitía. Y cada sábado y domingo volvía a repetirse la llegada de la comida sabrosa y calentita para cada uno de los que estuvieran trabajando ese día. Marcelina se preguntaba quién era ese alma angelical que los estaba observando y cuidando con tanto amor y que se preocupaba por ellos.
Con Gastón también se repetía la misma historia, se acercaba todos los domingos a donar su tiempo y sus hijos corrían apresuradamente a jugar con la arena.
Un día Marcelina le pregunta a Gastón por la madre de los niños.
— ¿Y la mamá de los niños?
— ¿Vanesa? En su casa, seguro mirando la televisión.
— ¡Ah! Invítala para que venga a conocernos…
— ¿A Vanesa? No creo que quiera venir. Aparte estamos separados hace dos años. Yo me quedo con los niños los fines de semana por eso los traigo aquí.
— ¡Ah! Disculpa, no sabía, perdón.
—No, no pasa nada. Me engaño con otro hombre y entonces nos separamos. Ahora tuvo otro hijo y por eso ahora compartimos el tiempo de los hijos, así ella está más aliviada. La pareja se rompió pero quedamos en buenos términos, por los niños más que nada. Ahora estoy solo y me ocupo de ellos los fines de semana, pero feliz de hacerlo.
—Claro, entiendo…
Marcelina sentía que algo le estaba pasando con ese hombre, por eso estaba interesada en saber algo más sobre él. Se alegró al enterarse que estaba separado.
Por fin al mes culminan el tan deseado piso y al mirarlo no pueden creer lo maravilloso que les quedó. Una paleta de colores con tonos en verde, amarillo, blanco, negro y beige, recortes de diferentes cuadrados pero que a la vista de los niños se veía fantástico, lo que ayudaría a mantener la limpieza y le daría colorido al salón.
— ¡Al fin, Gastón! No sabes lo que significa para mí ver terminado “Rincón de sueños. Un espacio con el que soñé toda mi vida, donde pudiera plasmar mis deseos más profundo de ayudar a quienes más necesitan, porque en su momento yo necesite, mis madre necesito y mis hermanitos necesitaron. Sé lo que se sufre ante la necesidad y la pobreza. Quiero que esté lugar sirva para que los más pequeños dibujen garabatos en el tiempo. Para que aprendan a compartir sus sueños y proyectos y los hagan realidad.
Ambos estaban felices de ver el piso tan reluciente y colorido que se abrasaban sin poder contener la emoción.
— ¡Al fin, Marcelina! estoy muy contento de haber contribuido con este sueño.
Concluye Gastón dándole un abraso muy fuerte y un beso en la mejilla.
Marcelina sintió que el corazón se le aceleraba de sentirlo tan cerca. Sintió su piel tan perfumada y su barba de tres días que le rosaba la piel. Marcelina se alejó por miedo, no entendía qué le estaba pasando. Él la miró y sonrió sin decir nada.
Y todos los que habían colaborado con el proyecto aplaudían y saltaban de alegría. Sabían que aún faltaba mucho trabajo por hacer, ya que las paredes aún estaban sin revocar y faltaba todo el mobiliario para que estuviera en funcionamiento. Por suerte, las ventanas con sus respectivos vidrios y las puertas estaban colocadas. Tenían el techo que les daría cobijo que era lo más importante. Los cinco lavamanos ya estaban funcionando correctamente, como también los dos baños que se habían construido.
Y ahora estaban allí todos preparándose para almorzar, Ana, Martín, Julio, José, Gastón y Marcelina en una pequeña mesa improvisada y los cuatro hijos de Julio y los dos de Gastón haciendo fila para lavarse las manos con jabón antes de almorzar.
Su charla se centraba en los avances del proyecto y de las cosas que soñaban para los pequeños. Marcelina iba anotando todo en un cuaderno, todo lo que necesitaban para finalmente abrir “Rincón de sueños” pues no quería que ninguna buena idea quedara sepultada en el olvido. Y las conversaciones también derivaban en la incógnita del personaje secreto que les mandaba las viandas tan gustosas y calentitas.
Y de repente, ese domingo, cuando estaban haciendo la lista y almorzando llega un camión con varias mesas redondas de madera, varias sillas y varios bancos, se notaban que eran de segunda mano, como si algún restaurante hubiera cambiado todo su mobiliario y los estaba donando allí. ¡Pero bienvenido sea! pensaba Marcelina, todo nos sirve.
Sorprendida pregunta al chofer del camión que acababa de llegar:
— ¿Quien mandó todo esto? ¿Cómo saben lo que necesitamos? ¿Quién es el ángel generoso que nos está donando todo este mobiliario?
El chofer del camión le responde que no está autorizado a decir de dónde vienen todas estas mesas y sillas, que estaba cumpliendo la orden que le fue encomendada, que era dejarlas allí y ayudar a bajar todo junto a su compañero de camión.
—Bueno, quiero que les agradezca, en nombre de todos nosotros y de los futuros niños que serán los que van a disfrutar de todo lo donado. ¡Muchas gracias! Y queremos invitarlo a que cuando quiera se de una vuelta por este lugar para que también disfrute de este proyecto.
Y el chofer le responde:
—Haré llegar sus saludos, su agradecimiento y su invitación.
Todos juntos se disponen a entrar y acomodar las mesas y las sillas, planificando dónde ira cada una.  Y nuevamente siente la bocina de una camioneta y las palmas de unas manos llamando en el lugar.
— ¡Hola! ¿Marcelina?
— ¡Hola! Sí, soy yo…
—Mi nombre es Gabriel y vengo a traer unas cajas que me dijeron que las tenía que dejar aquí como donación.
— ¿Quien las donó? Pregunta Marcelina intrigada.
—No me dijeron quien fue. Contesta Gabriel el chofer. Solo las cargué de un depósito con mi compañero y me dijeron que debía entregar todas estas cajas aquí, con cuidado, ya que contiene material que se puede romper.
Marcelina no puede más ante la sorpresa y la duda, le carcome la curiosidad queriendo saber qué contenían las cajas y quien se las habría mandado.
Llama a sus compañeros, gritando a viva voz, luego de abrir una de las cajas:
— ¡Vengan todos! ¡Vengan a ver lo que ha llegado!
Gastón se acerca y exclama: ¡Platos!
Ana con sus ojos desorbitados ante la sorpresa exclama:
— ¡No puede ser! grita Marcelina y ríe entre los nervios y la alegría.
José y Julio agarran entre los dos una de las cajas y las bajan de la camioneta, sin poder disimular la alegría.
— ¡Es de Dios! exclama José. —Dios ha escuchado tus ruegos Marcelina
— ¡Es el mérito a tu esfuerzo! Expresa Julio. —Alguien sabe de tus sueños y quiso colaborar.
Y sin poder entender todo lo que estaba aconteciendo revisan todas las cajas que contenían manteles, servilletas, tenedores, cucharas, vasos y paneras, de segunda mano. Como si fueran del mismo sitio de donde salieron las mesas y las sillas.
Imaginaban que algún restaurante decidió comprar todo nuevo y les habrían donado el mobiliario antiguo. Y festejaban contentos de alegría porque no podían creer los que sus ojos veían. Marcelina se emociona y se le caen unas lágrimas por ver su sueño hecho realidad.
Gastón, sin esconder también su emisión le dice:
— ¡Vamos, vamos, que todavía hay mucho trabajo por hacer! Vayamos colocando los manteles en las mesas para ver cómo van a ir quedando. ¡Vamos, vamos!
Ana corre a poner los manteles de las mesas que se encuentran más alejadas y Julio y José le acercan una caja que contenía los platos para que no tuviera que caminar tanto.
Los hijos de Julio y los de Gastón, en su inocencia de niño y queriendo colaborar salen afuera a cortar unas florcitas para que sirvan de decoración en las mesas.
Cuando terminan de armar todas las mesas en sus caras se ve la satisfacción del sueño cumplido.  No pueden creer que todo el esfuerzo de todo un año llegara a su fin. Con el deber cumplido, aplauden todos emocionados con lágrimas en los ojos.
Marcelina les agradece, con el corazón por toda la ayuda y el apoyo brindado.
Entonces Gastón saca de su bolcillo una cajita, de color azul, forrada en terciopelo, la abre y le dice:
—Marcelina: ¡te quiero mucho! Quiero que te comprometas conmigo. Que este sueño sea de los dos. Que caminemos a la par que este proyecto que tantas satisfacciones nos han dado a mí y a mis dos hijos.
Marcelina no podía creer que tantas cosas lindas le estuvieran pasando. Y visiblemente emocionada responde:
— ¡Qué manera de sorprenderme! ¿De dónde sacaste ese anillo? ¿Cómo hiciste para comprarlo?
Gastón dice:
—No dijiste aún si quieres…
Marcelina continúa visiblemente emocionada y no responde.

Y Gastón acota:
—Pero antes de colocarte este anillo debo confesarte la verdad…
—Yo soy el caballero misterioso que ha donado las mesas, las sillas y la vajilla que han llegado hoy. Y también quien enviaba por medio de mis empleados la comida calentita para que pudieran recuperar fuerzas para seguir trabajando.
Marcelina, ante la mirada de sus otros compañeros que no podían creer lo que sus oídos escuchaban y sus ojos veían, larga una carcajada.
—¡ja ja ja!
—Es verdad. Exclama Gastón.
Con su voz entrecortada Marcelina inquiere:
—Pero, ¿cómo es posible? Si venías a…
—Sí, Marcelina, Vine cada domingo junto a mis hijos a ayudarlos porque quería que mis hijos vieran el sacrificio que representa poder tener algo. Ellos ven todo lo que yo tengo, pero nunca llegaron a ver lo que cuesta lograr cada cosa. Y aquí pude enseñarles, mostrarles el valor de la palabra, el respeto, el ayudar a los que menos tienen como una premisa fundamental en la vida. Ellos dos lo tienen todo, una enorme casa,  los más modernos juguetes, la mejor comida porque todo le podemos comprar. Pero yo quiero que aprendan que  la vida no es tan fácil para todos, que a otros les cuesta muchísimo salir adelante y que todo se logra con tiempo y sacrificio. Aprendieron que nunca deben renunciar a sus sueños por más locos que parecen. Y a pesar que a veces crean que no lo van a lograr, con el tiempo y si se esfuerzan todo les será dado. Tú eres un ejemplo Marcelina para muchos. Eres un ejemplo para nosotros y por eso quiero que seas mi compañera, para toda la vida. Que compartas y acompañes mis sueños.
Marcelina ante la incredulidad y la emoción comenta:
—Pero de dónde…
—Soy el dueño del restaurante “Buena Carne”
— ¿El que está en el centro de la ciudad?
—Sí Marcelina, ese mismo.
—Pero qué bien guardado que te lo tenías. Jamás me lo hubiera imaginado, porque nunca diste ninguna señal de que tuvieras dinero. Es más pensé que eras un hombre pobre…
—Era pobre Marcelina, porque yo solo tenía dinero. Cuando te conocí me hice millonario. Porque me enseñaste que el valor de las personas no la dan las cosas materiales, si no los valores, el respeto, la generosidad, la empatía... Ahora puedo decir que soy millonario porque aprendí contigo todas estas cosas y lo más importante que lo aprendieron también mis hijos.
¿Entonces? ¿Aceptas que sea tu compañero del camino para toda la vida?
Marcelina intrigada y asombrada pregunta:
— ¿Qué va a pasar con “Rincón de Sueños” si acepto?
—Seguiremos haciendo las mismas cosas que hasta ahora Marcelina. Seguiremos adelante ayudando a los que más necesitan. Quizás ya no con nuestras manos, pero podría pagar horas extras a mis empleados para que los que desean puedan venir a trabajar aquí a ayudar con este proyecto tan lindo. Podrías dirigirlo para que se cumpla con las metas para la cual fue creado. No lo abandonaremos, al contrario proveeremos de lo necesario para que siga adelante, funcionando como debe. Porque yo quiero seguir aprendiendo junto a mis hijos.
Y ahora, si aceptas, nos están esperando el en restaurante con todas las mesas nuevas y arregladas para festejar esta unión, a ti y a estos compañeros que tanto supieron hacer para que el proyecto funcione. Era una sorpresa. Quería darte esta sorpresa como regalo por todo lo que me enseñaste.
Marcelina se acerca, le da un beso y dice:
— ¡Si, acepto! Acepto que seas mi compañero de vida.

Posdata: Uno nunca sabe lo que la vida nos tiene preparada. Por eso, siempre compórtate con respeto hacia los demás. Pon en alto tus valores y sonríe, pues nunca sabes quien se va a enamorar de tu sonrisa.






Todos los derechos reservados.
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24 de julio de 2017

POEMA INCENDIO EN EL CONVENTILLO

Cuatro personas murieron por un incendio en un conventillo de la Boca, en Buenos Aires. Por una discusión de parejas un hombre incendió un colchón y provocó un incendio en un conventillo donde vivían varias familias. El lugar quedó con peligro de derrumbe por lo cual no se les permitió a las familias ingresar a sus viviendas y tuvieron que dormir, en pleno invierno, en la calle, junto a sus niños pequeños.

Poema incendio casa


Incendio en el conventillo

(Arjona Delia)


Sí, bastó un simple chispazo
para perder los recuerdos,
por peleas, desacuerdos
se recibe un coletazo.
Consumidos en retazos,
despertar entre humo y fuego
que dejaba casi ciego.
El incendio se asomaba,
buscando una bocanada
¡entre llanto y entre ruego!

En la mitad de los sueños,
despertar por alaridos,
por los gritos y los ruidos
de los grandes y pequeños.
Arde el fuego de los leños,
desvanecerse o luchar,
alejarse del lugar
antes de que sea tarde,
pues la casa toda arde,
¡y no se puede salvar!


La desidia, el fracaso,
¿y quién tendrá la razón?
Ya no tienen ni un rincón,
ni sus bienes tan escasos.
Solo quedan los abrazos,
se recuperarán luego,
todo lo consumió el fuego;
tras semejante castigo
mucha gente les da abrigo,
porque el estado está ciego.

De su casa no son dueños,
no tienen adónde ir,
no tienen para vivir
con tantos hijos pequeños.
Pero no pierden sus sueños
de tener un lindo hogar
y poderlos abrigar.
¡Dios! Que nunca se repita
y esta desgracia maldita,
nunca nos llegue a pasar.







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Copyright ©24/07/2017 by Arjona Delia





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Si lo vas a copiar estás obligado a poner el nombre del autor del poema y el link de mi página como retribución: www.arjonadelia.blogspot.com . Muchas gracias.


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POEMAS AL MENDIGO 

Poemas al mendigo

Los recuerdos invernales
con sus lluvias torrenciales
¡me rompen el corazón!
Cada vez que el frío congela
la carencia sobrevuela
¡me despierta indignación!

Los recuerdos no son buenos,
pienso en los que tienen menos,
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Indiferentes

 



Tanta gente indiferente
con miradas distraídas,
corriendo por la ciudad
o caminando van de prisa.

Encerradas en su mundo,
sus conciencias dormidas,
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Carritos de Pobreza












Los carritos de miserias
van arrastrando pobreza,
de todas esas familias
con caritas de tristeza.
Solo las calles testigos...
¡De desechos se alimentan!
Con harapos de mendigos
¡Bajo el frío y las tormentas!
Librando van la batalla
de indiferencia y de hambre,

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Los Chicos de la Calle

imagen derecho niños calle




Un sucio colchón en retiro,
el frío que cala los huesos,
allí en el rincón del olvido,
un niño, con hambre y enfermo.
Sólo...él se encuentra perdido,
por la sociedad olvidado,
sin futuro y sin el cariño,
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25 de julio de 2016

POEMAS AL MENDIGO EN INVIERNO

El frío invernal me destroza el corazón porque pienso en aquellas personas que están deambulando por las calles bajo las heladas y las tormentas torrenciales. Cuando la carencia sobrevuela pienso en los niños y los mayores que son los que más sufren las inclemencias del tiempo. ¿Dónde se cobijarán los mendigos cuando hace frío? Ojala se pudieran acortar las distancias que existen entre la abundancia y la pobreza y todos puedan tener acceso a las cosas necesarias para llevar una vida digna.   




Poemas al mendigo   




Recuerdos del invierno






Los recuerdos invernales
con sus lluvias torrenciales
¡me rompen el corazón!
Cada vez que el frío congela
la carencia sobrevuela
¡me despierta indignación!

Los recuerdos no son buenos,
pienso en los que tienen menos,
con sufrimiento y dolor.
Olvidados del invierno,
encadenados eternos,
a un castigo abrumador.

Me hace ruido en la cabeza
cada vez que el frío empieza,
me preocupan los demás.
Me recuerda a los mendigos
que no tienen un abrigo
¿Dónde se cobijarán?

¿Y qué será de aquel hombre
que camina sin su nombre,
bajo una helada invernal?
Con la mirada perdida,
siempre ensayo despedidas,
porque pienso en su final.

Con su frágil apariencia,
cuando el hambre se evidencia,
busca poderse abrigar.
Sus mejillas agrietadas
y con su frente arrugada,
encorvado al caminar.

Camuflado entre la gente,
que lo mira indiferente,
¡no lo quieren ni tocar!
Entrelazando sus dedos
para esconderse del miedo
¡sin más ganas de soñar!

Se congelaron sus sueños
y va frunciendo su ceño,
caminando sin pensar.
Carcelero de miserias,
sin calzados y sin medias,
y sin alas para volar.

¡Yo no quiero más inviernos
convertidos en infiernos
para nadie nunca más!
Que se acorten las distancias,
de pobreza y abundancia,
y la equidad fluirá.

Que el recuerdo del invierno,
tenga refugios eternos
de un abrigo protector.
Que las manos encendidas
abroquelen nuestras vidas
¡con la manta del amor!






Poema publicado en el libro "Entre plumas y pinceles" de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©25/07/2016 by Arjona Delia






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Poemas Cortos Al Invierno

imagen amor+invierno+manos


 

Una tarde de llovizna,
las veredas empapadas,
las hojas de los árboles,
corren carrera en el agua.

Mirando por la ventana,
calefacción encendida,

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Frío Invierno


imagen invierno nieve
















Llego el invierno con sus días tristes
El sol su cresta muy temprano esconde
El parque estrena su paisaje triste
Más lejano parece el horizonte.

Cuando llega la tarde los recuerdos
Reviven con su añeja realidad,
Teje la abuela al calor del fuego

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El frío Invierno


imagen frio+invierno
















Un frío implacable, que congela los huesos,


neblinas de mañana, caen sin cesar,

afuera de casa me trato de abrigar,

el cuerpo no resiste un invierno más,


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28 de octubre de 2015

Poemas sobre derechos del niño

El 20 de noviembre es el Dia internacional de los derechos del niño. ¿Pero cuales son los derechos del niño?
Los niños tienen derecho a contar con los alimentos necesarios para el buen desarrollo de su salud fisica y mental. Tienen derecho a estudiar, a recrearse, derecho a la identidad, a no ser discriminados. A que se les brinde todo lo necesario para vivir en libertad. Pero a veces se los vulnera y se les olvida que deben cumplir con estos derechos. El poema “Derechos del niño” habla de la importancia de que se respeten y se cumplan estos derechos para que puedan desarrollarse en libertad.


poema sobre los derechos del niño


 










Derechos del niño
(Arjona Delia)

Los niños tienen derecho
a comida, ropa y techo,
al abrigo del hogar.
A estudiar y recrearse
para un futuro formarse,
¡amor no debe faltar!

Tener nombre y apellido
y que sea protegido
en el calor del hogar.
Libertad sea su lema,
que los proteja el sistema,
y los que han de gobernar.

El futuro tan soñado,
a no ser discriminado,
derecho a la identidad.
Que no sean explotados
y que sean escuchados
con justicia y dignidad.

Que sus derechos respeten,
que cumplan lo que prometen,
que crezcan en igualdad.
Desarrollo fuerte y sano,
ofreciéndoles la mano
¡y vivir en libertad!






Poema publicado en el libro "Reflejos de mi Ser" de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©27/10/2015 by Arjona Delia







Poemas derechos del niño, Poemas a la mujer, Poemas de amistad, Poemas al maestro, Poemas a la madre, Poemas de amor, Poemas día de los enamorados. TODOS LOS POEMAS POSEEN


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 POEMAS SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO:

 

Poemas derechos del niño










Tan injusto me parece,
esos niños que carecen,
del abrigo protector.
En la calle tan pequeños,
sin esperanza y sin sueños,
¿Dónde quedo nuestro amor?

Arrojados a sus suerte,
asechados por la muerte,
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Día Mundial De Los Derechos Del Niño

















¡CUIDEMOS SU SONRISA!
 (Arjona Delia)

 

¿Quién despojo de risas a los niños,
que vagan con su corazón herido?
Sin proyectos, sin sueños, ni esperanzas,
condenados por el mundo al abismo.
Acurrucados, tristes, solitarios,
tienen solo a las estrellas de abrigo,
en noches heladas con hambre y frío,

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 Derechos Del Niño
















PIECITOS DESCALSOS
(Arjona Delia)

 Tengo el corazón quebrado,
siento dolor en el alma,
al ver tristeza en sus ojos,
y su mirada apagada.
Esos piecitos descalzos,
manitos agrietadas,
la lucha cruel del mendigo,
por la niñez olvidada.
Pidiendo van el sustento,
porque no tienen salarios,

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Los Derechos del Niño













LOS DERECHOS DEL NIÑO
(Arjona Delia)

Todos los niños tienen derechos,
deben ser protegidos y cuidados,
también tienen que ser respetados
por su familia y por el Estado.
Tienen derecho a una vivienda digna,
tener la posibilidad de estudiar,
tienen derecho a tener familia,
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POEMAS AL MENDIGO 

Poemas al mendigo


TRISTEZA DE INVIERNO
(Arjona Delia)

Los recuerdos invernales
con sus lluvias torrenciales
¡me rompen el corazón!
Cada vez que el frío congela
la carencia sobrevuela
¡me despierta indignación!
Los recuerdos no son buenos,
pienso en los que tienen menos,
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Poema a los niños de la calle

 

INDIFERENTES
(Arjona Delia)

Tanta gente indiferente
con miradas distraídas, 
corriendo por la ciudad
o caminando van de prisa.
Encerradas en su mundo,
sus conciencias dormidas,
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Todos Tenemos Derecho

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TODOS TENEMOS DERECHOS
(Arjona Delia)

Todos tenemos derecho
a vivir con dignidad,
a que nunca nos falte
el trabajo, techo y pan.
Todos tenemos derecho
sin importar la religión
nuestro origen y sexo,
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DERECHO DE IGUALDAD











CARRITOS DE POBREZA
(Arjona Delia)

Los carritos de miserias
van arrastrando pobreza,
de todas esas familias
con caritas de tristeza.
Solo las calles testigos...
¡De desechos se alimentan!
Con harapos de mendigos
¡Bajo el frío y las tormentas!
Librando van la batalla
de indiferencia y de hambre,

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Poema Derechos de Los Niños 

imagen derecho niños calle

UN FRÍO COLCHÓN
(Arjona Delia)


Un sucio colchón en retiro,
el frío que cala los huesos,
allí en el rincón del olvido,
un niño, con hambre y enfermo.
Sólo...él se encuentra perdido,
por la sociedad olvidado,
sin futuro y sin el cariño,
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Derecho a la alimentación













¡BASTA DE HAMBRE!
(Arjona Delia)

Todos los niños tienen derecho
a una alimentación saludable,
no permitamos que en el mundo
ninguno de ellos muera de hambre.
Es necesario actuar urgente,
contribuir a su erradicación,
luchemos juntos contra el hambre,
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Derecho a no ser discriminados











TODOS SOMOS IGUALES
(Arjona Delia)

Parece muy difícil este problema,
pero no es así, tiene rápida solución,
menos dinero gastado en armamentos
y más inversión para comprar alimentos.
Hagamos algo para combatir el hambre
ante esta situación tan lamentable,
que por falta de alimentos no sufran
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La Pobreza

   
















LA CARA DE LA POBREZA
(Arjona Delia)


Hoy percibo la miseria,
la indigencia y el dolor,
la avaricia de los hombres,
¡Tan crueles,  sin corazón!
Y siento  mucha vergüenza
ante el llanto de los niños,
¡Frágil y desprotegidos,
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Derecho a la Igualdad


pobres+indigentes













RECLAMO DE IGUALDAD
(Arjona Delia)

Dígame Señor Presidente
¿Usted no ve el sufrimiento
del pobre y el marginal,
necesitando abrigo y pan?
¿Usted no miro nunca
Señor, hacia aquel lugar?
Mujeres y niños duermen
bajo el frío y la humedad.
Enfrente de su casa,
allí los encontrara,
están durmiendo en colchones,
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 Alimentos para todos















ALIMENTOS PARA TODOS
(Arjona Delia)

 Dicen que para estar sanos
hay que comer alimentos,
tener abrigo del frío,
la protección y sustento.
Y para estar saludables,
comer pollo, carnes, frutas,
hierro para el crecimiento,
pescado y muchas verduras.
¿Pero como les decimos

a esos niños olvidados?
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