Poemas cortos de Una Mujer, Un Mar en Calma: Poemas Arjona Delia Escritora Arjona Delia
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4 de enero de 2019

LOS TRES REYES MAGOS - Poemas cortos para niños -

Para este 6 de enero pedí tu deseo sincero, pues están llegando de lejos los tres reyes de Belén. Traen muchos juguetes para todos los pequeños que se portaron bien. Escribí pronto tu cartita que ya llegan muy prontito los tres reyes magos.

poemas reyes magos














LOS TRES REYES MAGOS
(Arjona Delia)

¿Ya pusiste el zapatito?
Ya se acercan despacito
¡los tres reyes de Belén!
Traen juguetes y sueños
para todos los pequeños,
para los grandes también.

A la mañana temprano
muy cerquita de tu mano
tu regalo encontrarás.
Pues leyeron tu cartita
y ya vienen de visita
¡no lo olvidarás jamás!

Porque cada seis de enero
vienen estos tres viajeros
Melchor, Gaspar, Baltasar.
Cerca de tus zapatitos
deja mucha agua y pastito
¡muy prontito han de llegar!






Publicado en el libro de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©04/01/2019 by Arjona Delia






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Attribution No Derivatives cc by-nd Esta licencia permite la redistribución, comercial y no comercial, siempre y cuando no sea alterada en lo absoluto dando crédito al autor.









POEMA  A LOS REYES PARA NIÑOS 

poemas cortos reyes magos















QUERIDOS REYES
(Arjona Delia)

Yo ya escribí mi cartita
hoy espero la visita
de los reyes de Belén.
He pedido regalitos
les he dejado el pastito
y un poco de agua también.
Ya acomodé mis zapatos
porque vendrán en un rato
Continuar leyendo el poema... 



Poemas De Los Reyes Magos




Poemas a los reyes magos












Zapatitos en las puertas
¡las ventanas bien abiertas!
¡pues los reyes hoy vendrán!
Bandejitas con pastitos
cartitas con tus escritos
¡regalos hoy nos traerán!
Son los reyes, traen sueños
para grandes y pequeños
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Gaspar, Melchor, Baltasar,
la estrella blanca los guía,
en camellos van a viajar
y juntos saldrán de gira.
Los niños escriben cartas,
piden muchos regalitos,
para que ellos los repartan





2 de enero de 2019

Cuentos y poesías: Nunca renuncies a tus sueños

Nunca renuncies a tus sueños
(Arjona Delia)

Marcelina era una mujer joven con buenos valores morales, con un corazón puro y muchas ganas de ayudar. Conocía la pobreza desde niña, ya que su papá y mamá, junto a sus tres hermanos había venido de la provincia de Misiones a trabajar a Buenos Aires porque la situación económica de donde vivían se había profundizado a tal punto que las necesidades eran extremas y la madre de Marcelina pensaba que en Buenos Aires encontrarían más oportunidades para que sus hijos crecieran fuertes y saludables.



















Los padres de Marcelina habían vendido todas sus cosas que tenían en Misiones y con el dinero habían logrado comprar una humilde casita, pero con suficiente terreno como para poder, en épocas de bonanza seguir construyendo y agrandando su hogar para que pudieran estar más cómodos, y con mucho esfuerzo, trabajando lo habían logrado.
Marcelina era joven de unos veintidós años de edad, de un metro sesenta de altura, con un cuerpo escultural, morocha de cabellos largos, con unos ojos marrones muy grandes, que parecía que Dios se los había dado para que observara todo a su alrededor. De un carácter muy agradable, servicial y muy simpática. Todo el tiempo sonreía como si quisiera dejar al descubierto esa hermosa sonrisa que le había sido heredada de su padre.
Conoció desde niña la pobreza junto a sus tres hermanos y por eso siempre ayudaba a su madre en la elaboración de empanas, pizzas y panes que ellos mismos vendían a sus vecinos casa por casa para obtener el sustento diario. Y lo estaban logrando, pues les iba muy bien, al punto que siempre vendían toda la producción que elaboraban en el día.
Marcelina había crecido con buenos valores y con una marcada empatía hacia los demás, a tal punto que tenía un sueño muy arraigado en su corazón, el deseo de conseguir los fondos suficientes para edificar en unos de los terrenos que tenían libre un gran espacio para que los niños necesitados tuvieran un lugar donde aprender, jugar y alimentarse sanamente; para que pudieran crecer sanos y tuvieran la oportunidad de desarrollar todas sus capacidades mentales para tener un mejor futuro.
Marcelina,  era muy inquieta y sensible, sus sueños y deseos altruistas le nacían desde el fondo de sus entrañas, conocía la marginalidad desde cerca gracias al recorrido que hacía para vender los productos que ella misma elaboraba.
Así que Marcelina, con ese sueño en mente, fue colocando en una latita, que tenía escondida en su dormitorio, todos los días, el diez por ciento de lo que ganaba  con la venta de sus productos,  apostando a ese sueño que no la dejaba dormir.
En relativamente poco tiempo, ya con veinticuatro años de edad cumplidos había logrado reunir una pequeña cantidad de dinero, no era mucho, pero sí lo suficiente para empezar a construir la oportunidad de un futuro para muchos niños.
Pero era consciente que sola no podría, que necesitaba más corazones generosos y más manos que estuvieran dispuestas a colaborar con su fantasía de sacar a los niños de la pobreza.
Así fue que dibujó en una hoja su proyecto, era simple, un galpón de unos diez metros de largo por unos cuatro metros de ancho, de ladrillo hueco, con tirantes de madera y chapas de las mejores para que en los días de lluvia el agua no les filtrara y les diera alguna sorpresa. Tenía la ilusión de que tuviera piso de mosaico para que fuera fácil su limpieza y paredes en los cuales pudiera colgar varios pizarrones para que los niños dibujaran barriletes de colores en el mismo.
Quería que dentro hubiera una enorme mesa, con sus respectivas sillas, para que todos se ubicaran cómodamente. Y tenía planeado que contra una de las paredes se situaran, en forma lineal, cinco lavamanos con sus respectivas canillas de aguas y sus toallas colgadas a un lado. La idea era que cada niño, antes de comer, fuera aprendiendo la importancia del lavado de sus manos para prevenir enfermedades.
Parecía un sueño muy difícil de cumplir, pero no bajaba los brazos y sus deseos se hacían cada vez más fuertes, por eso, apostó a ello.
Hizo imprimir su proyecto esbozado en un papel y le entregó sus sueños a sus clientes y a comercios que le quedaban a su paso.
La idea que tenía era que colaborarán con lo que quisieran o pudieran. Podía ser desde tiempo a materiales de construcción que ya no usaran, incluso esas baldosas o cerámicas que quedan de remanente luego de una construcción y que nunca llegan a  usarse, sillas en desuso que se podrían reciclar para ser reutilizadas, ropas de niños, juguetes usados, o gente dispuesta y con gran corazón que deseara darles unos momentos de regocijos y se vistieran de “payasos” o “super héroes” para alegría de los más pequeños.
A veces pensaba que su sueño era demasiado grande y perdía las esperanzas, pero otras veces, cuando  veía a los pequeños en su cotidianidad de trabajo cambiaba de opinión y resurgían esas inmensas fuerzas y deseos desde el fondo de sus entrañas. Así que con la colaboración de un kiosquero que le regaló la impresión de cien fotocopias de su bosquejo, porque dijo que creía en ella y por eso aportaba su granito de arena, que para Marcelina ya era una gran montaña, empapeló toda la ciudad repartiendo “su sueño” proyectado en un papel.
Consiguió que varios negocios le dieran el suficiente efectivo para empezar a construir el galpón que llamaría “Rincón de sueños” porque al fin y al cabo era eso, el rincón donde ella plasmaría sus sueños. Otros se habían comprometido a donar de su tiempo algunos fines de semana, para cortar el pasto, hacer limpieza general o entretener a los más pequeños. Y los que querían donar materiales, ropa, juguetes o mobiliario fueron haciendo acopio en sus casas hasta que estuvieran levantadas las paredes y el sitio estuviera techado.
Y así fue que al año de haber empezado con su proyecto de “Rincón de Sueños” por fin comenzaba la construcción del mismo. Veía como con cada ladrillo que se levantaba se elevaban hasta el cielo sus sueños. Con cada ladrillo la gente veía que no era solo un deseo de Marcelina, si no que se estaba haciendo realidad y por eso cada vez tenían más ganas de colaborar, incluso hasta los niños venían a ayudar contagiados por el ejemplo de los más grandes.
Ya había logrado tener un techo donde plasmar sus deseos, un rincón de aprendizaje y de juegos donde los pequeños aprendieran valores y respeto.
Veía allí, en una esquina la pila de mosaicos que le habían donado para el piso del comedor, si bien eran de diferentes tamaños y colores, no le importaba porque se veían muy coloridos y pensaba que le darían matices al suelo y que eso a los niños seguramente les iba a encantar y de paso serviría para que fueran aprendiendo los colores y tamaños y dibujaría con ellos una rayuela y una escalera al cielo.
Pero no conseguía quien la ayudará a colocarlos en el piso, quien hiciera el trabajo de albañilería de colocación de cerámica, pero no se desanimó. A su memoria vino su padre quien toda su vida se había dedicado a eso, pero que hacía cinco años que los había dejado y había pasado a otra vida. Pero ella que era muy observadora siempre lo miraba cuando arreglaba su casa y más o menos tenía una idea de cómo se realizaba el trabajo. Así que se animó, se arremangó y empezó a dibujar garabatos con los restos de mosaicos y cerámicos donados.
Era domingo, ya que Marcelina no trabajaba los domingos los dedicaba a mejor su “Rincón de sueños” y siempre venía algún vecino a ofrecer su tiempo o sus donaciones para que el proyecto avanzara más rápido.
Ese domingo se acercó Gastón con sus dos hijos, dos varoncitos de unos tres y otro de cuatro años de edad. La vio allí, arrodillada en el piso, con guantes en sus manos y un balde con mezcla preparada para la colocación del piso y se presenta:
— ¡Hola! Mi nombre es Gastón y la semana pasada me enteré de tu historia y de tu generoso proyecto y quise venir a colaborar con mi tiempo, haciendo lo que sea, para que el mismo. Puedo venir solo los domingos que es cuando tengo libre y traje a mis hijos para que vean el lugar y que ellos también puedan disfrutar de este espacio que generosamente ofreces.
Marcelina se levanta, se sacude el polvo de las rodillas, se quita los guantes, se limpia las manos en su pantalón y le extiende su mano en señal de saludo.
— ¡Encantada! Mi nombre es Marcelina y agradezco, en nombre de los niños que vengas a ofrecerte a colaborar con tu tiempo. Justo estaba necesitando a alguien para que me fuera alcanzando las cerámicas, pues las estoy colocando yo misma porque no puedo con mi ansiedad de ver terminada esta obra y pensé que podría ir adelantando si le echaba manos a la obra. Y por supuesto que aquí hay lugar para tus hijos. ¡Bienvenidos!
Gastón alarga su mano para estrechar las de Marcelina.
— ¡Mucho gusto Marcelina!
Luego Marcelina se agacha y besa a ambos niños y les dice:
— ¡Bienvenidos! Aquí podrán dentro de poco venir a jugar y a aprender.
Los niños le preguntan si pueden jugar con una montañita de arena que había allí en un rincón. Marcelina mira a Gastón quien asiente con la cabeza y entonces ella les responde:
— ¡Por supuesto! Pero después cuando terminen de jugar deberán acomodar todo lo que desordenen y lavarse bien las manos.
Los niños asienten con la cabeza y rápidamente salen corriendo en dirección a la montaña de arena que había allí para hacer castillitos de sueños.
Y mientras Gastón y Marcelina continúan con la colocación de las cerámicas del piso. En un momento llega una camioneta y les trae comida recién hecha y calentita. Se miran y se preguntan quién sería el que les mandaba el almuerzo justo cuando el hambre estaba dando señales en sus necesitados estómagos. La recibe Marcelina, saluda y da las gracias.
Durante los sábados y domingos siguientes cada vez se acercaban más personas para colaborar. Se acercó Ana, una muchacha de unos veinticinco años de edad que se ofrecía a hacer los trabajos de limpieza junto con su esposo Martín, para barrer o acomodar lo que fuera necesario. Julio un hombre de unos cuarenta años que traía su propia máquina de cortar pasto para emprolijar la alfombra verdosa donde correteaban sus cuatro hijos. A julio lo ayudaba José, quien recogía el pasto que iban cortando, en bolsas negras que él mismo traía. También venían a ayudar sus tres hermanos varones, cada vez que el tiempo se los permitía ya que trabajaban arduamente para alimentar a sus familias.
Todos los fines de semana venían todos a colaborar con “Rincón de sueños” en la medida que el tiempo de cada uno se los permitía. Y cada sábado y domingo volvía a repetirse la llegada de la comida sabrosa y calentita para cada uno de los que estuvieran trabajando ese día. Marcelina se preguntaba quién era ese alma angelical que los estaba observando y cuidando con tanto amor y que se preocupaba por ellos.
Con Gastón también se repetía la misma historia, se acercaba todos los domingos a donar su tiempo y sus hijos corrían apresuradamente a jugar con la arena.
Un día Marcelina le pregunta a Gastón por la madre de los niños.
— ¿Y la mamá de los niños?
— ¿Vanesa? En su casa, seguro mirando la televisión.
— ¡Ah! Invítala para que venga a conocernos…
— ¿A Vanesa? No creo que quiera venir. Aparte estamos separados hace dos años. Yo me quedo con los niños los fines de semana por eso los traigo aquí.
— ¡Ah! Disculpa, no sabía, perdón.
—No, no pasa nada. Me engaño con otro hombre y entonces nos separamos. Ahora tuvo otro hijo y por eso ahora compartimos el tiempo de los hijos, así ella está más aliviada. La pareja se rompió pero quedamos en buenos términos, por los niños más que nada. Ahora estoy solo y me ocupo de ellos los fines de semana, pero feliz de hacerlo.
—Claro, entiendo…
Marcelina sentía que algo le estaba pasando con ese hombre, por eso estaba interesada en saber algo más sobre él. Se alegró al enterarse que estaba separado.
Por fin al mes culminan el tan deseado piso y al mirarlo no pueden creer lo maravilloso que les quedó. Una paleta de colores con tonos en verde, amarillo, blanco, negro y beige, recortes de diferentes cuadrados pero que a la vista de los niños se veía fantástico, lo que ayudaría a mantener la limpieza y le daría colorido al salón.
— ¡Al fin, Gastón! No sabes lo que significa para mí ver terminado “Rincón de sueños. Un espacio con el que soñé toda mi vida, donde pudiera plasmar mis deseos más profundo de ayudar a quienes más necesitan, porque en su momento yo necesite, mis madre necesito y mis hermanitos necesitaron. Sé lo que se sufre ante la necesidad y la pobreza. Quiero que esté lugar sirva para que los más pequeños dibujen garabatos en el tiempo. Para que aprendan a compartir sus sueños y proyectos y los hagan realidad.
Ambos estaban felices de ver el piso tan reluciente y colorido que se abrasaban sin poder contener la emoción.
— ¡Al fin, Marcelina! estoy muy contento de haber contribuido con este sueño.
Concluye Gastón dándole un abraso muy fuerte y un beso en la mejilla.
Marcelina sintió que el corazón se le aceleraba de sentirlo tan cerca. Sintió su piel tan perfumada y su barba de tres días que le rosaba la piel. Marcelina se alejó por miedo, no entendía qué le estaba pasando. Él la miró y sonrió sin decir nada.
Y todos los que habían colaborado con el proyecto aplaudían y saltaban de alegría. Sabían que aún faltaba mucho trabajo por hacer, ya que las paredes aún estaban sin revocar y faltaba todo el mobiliario para que estuviera en funcionamiento. Por suerte, las ventanas con sus respectivos vidrios y las puertas estaban colocadas. Tenían el techo que les daría cobijo que era lo más importante. Los cinco lavamanos ya estaban funcionando correctamente, como también los dos baños que se habían construido.
Y ahora estaban allí todos preparándose para almorzar, Ana, Martín, Julio, José, Gastón y Marcelina en una pequeña mesa improvisada y los cuatro hijos de Julio y los dos de Gastón haciendo fila para lavarse las manos con jabón antes de almorzar.
Su charla se centraba en los avances del proyecto y de las cosas que soñaban para los pequeños. Marcelina iba anotando todo en un cuaderno, todo lo que necesitaban para finalmente abrir “Rincón de sueños” pues no quería que ninguna buena idea quedara sepultada en el olvido. Y las conversaciones también derivaban en la incógnita del personaje secreto que les mandaba las viandas tan gustosas y calentitas.
Y de repente, ese domingo, cuando estaban haciendo la lista y almorzando llega un camión con varias mesas redondas de madera, varias sillas y varios bancos, se notaban que eran de segunda mano, como si algún restaurante hubiera cambiado todo su mobiliario y los estaba donando allí. ¡Pero bienvenido sea! pensaba Marcelina, todo nos sirve.
Sorprendida pregunta al chofer del camión que acababa de llegar:
— ¿Quien mandó todo esto? ¿Cómo saben lo que necesitamos? ¿Quién es el ángel generoso que nos está donando todo este mobiliario?
El chofer del camión le responde que no está autorizado a decir de dónde vienen todas estas mesas y sillas, que estaba cumpliendo la orden que le fue encomendada, que era dejarlas allí y ayudar a bajar todo junto a su compañero de camión.
—Bueno, quiero que les agradezca, en nombre de todos nosotros y de los futuros niños que serán los que van a disfrutar de todo lo donado. ¡Muchas gracias! Y queremos invitarlo a que cuando quiera se de una vuelta por este lugar para que también disfrute de este proyecto.
Y el chofer le responde:
—Haré llegar sus saludos, su agradecimiento y su invitación.
Todos juntos se disponen a entrar y acomodar las mesas y las sillas, planificando dónde ira cada una.  Y nuevamente siente la bocina de una camioneta y las palmas de unas manos llamando en el lugar.
— ¡Hola! ¿Marcelina?
— ¡Hola! Sí, soy yo…
—Mi nombre es Gabriel y vengo a traer unas cajas que me dijeron que las tenía que dejar aquí como donación.
— ¿Quien las donó? Pregunta Marcelina intrigada.
—No me dijeron quien fue. Contesta Gabriel el chofer. Solo las cargué de un depósito con mi compañero y me dijeron que debía entregar todas estas cajas aquí, con cuidado, ya que contiene material que se puede romper.
Marcelina no puede más ante la sorpresa y la duda, le carcome la curiosidad queriendo saber qué contenían las cajas y quien se las habría mandado.
Llama a sus compañeros, gritando a viva voz, luego de abrir una de las cajas:
— ¡Vengan todos! ¡Vengan a ver lo que ha llegado!
Gastón se acerca y exclama: ¡Platos!
Ana con sus ojos desorbitados ante la sorpresa exclama:
— ¡No puede ser! grita Marcelina y ríe entre los nervios y la alegría.
José y Julio agarran entre los dos una de las cajas y las bajan de la camioneta, sin poder disimular la alegría.
— ¡Es de Dios! exclama José. —Dios ha escuchado tus ruegos Marcelina
— ¡Es el mérito a tu esfuerzo! Expresa Julio. —Alguien sabe de tus sueños y quiso colaborar.
Y sin poder entender todo lo que estaba aconteciendo revisan todas las cajas que contenían manteles, servilletas, tenedores, cucharas, vasos y paneras, de segunda mano. Como si fueran del mismo sitio de donde salieron las mesas y las sillas.
Imaginaban que algún restaurante decidió comprar todo nuevo y les habrían donado el mobiliario antiguo. Y festejaban contentos de alegría porque no podían creer los que sus ojos veían. Marcelina se emociona y se le caen unas lágrimas por ver su sueño hecho realidad.
Gastón, sin esconder también su emisión le dice:
— ¡Vamos, vamos, que todavía hay mucho trabajo por hacer! Vayamos colocando los manteles en las mesas para ver cómo van a ir quedando. ¡Vamos, vamos!
Ana corre a poner los manteles de las mesas que se encuentran más alejadas y Julio y José le acercan una caja que contenía los platos para que no tuviera que caminar tanto.
Los hijos de Julio y los de Gastón, en su inocencia de niño y queriendo colaborar salen afuera a cortar unas florcitas para que sirvan de decoración en las mesas.
Cuando terminan de armar todas las mesas en sus caras se ve la satisfacción del sueño cumplido.  No pueden creer que todo el esfuerzo de todo un año llegara a su fin. Con el deber cumplido, aplauden todos emocionados con lágrimas en los ojos.
Marcelina les agradece, con el corazón por toda la ayuda y el apoyo brindado.
Entonces Gastón saca de su bolcillo una cajita, de color azul, forrada en terciopelo, la abre y le dice:
—Marcelina: ¡te quiero mucho! Quiero que te comprometas conmigo. Que este sueño sea de los dos. Que caminemos a la par que este proyecto que tantas satisfacciones nos han dado a mí y a mis dos hijos.
Marcelina no podía creer que tantas cosas lindas le estuvieran pasando. Y visiblemente emocionada responde:
— ¡Qué manera de sorprenderme! ¿De dónde sacaste ese anillo? ¿Cómo hiciste para comprarlo?
Gastón dice:
—No dijiste aún si quieres…
Marcelina continúa visiblemente emocionada y no responde.

Y Gastón acota:
—Pero antes de colocarte este anillo debo confesarte la verdad…
—Yo soy el caballero misterioso que ha donado las mesas, las sillas y la vajilla que han llegado hoy. Y también quien enviaba por medio de mis empleados la comida calentita para que pudieran recuperar fuerzas para seguir trabajando.
Marcelina, ante la mirada de sus otros compañeros que no podían creer lo que sus oídos escuchaban y sus ojos veían, larga una carcajada.
—¡ja ja ja!
—Es verdad. Exclama Gastón.
Con su voz entrecortada Marcelina inquiere:
—Pero, ¿cómo es posible? Si venías a…
—Sí, Marcelina, Vine cada domingo junto a mis hijos a ayudarlos porque quería que mis hijos vieran el sacrificio que representa poder tener algo. Ellos ven todo lo que yo tengo, pero nunca llegaron a ver lo que cuesta lograr cada cosa. Y aquí pude enseñarles, mostrarles el valor de la palabra, el respeto, el ayudar a los que menos tienen como una premisa fundamental en la vida. Ellos dos lo tienen todo, una enorme casa,  los más modernos juguetes, la mejor comida porque todo le podemos comprar. Pero yo quiero que aprendan que  la vida no es tan fácil para todos, que a otros les cuesta muchísimo salir adelante y que todo se logra con tiempo y sacrificio. Aprendieron que nunca deben renunciar a sus sueños por más locos que parecen. Y a pesar que a veces crean que no lo van a lograr, con el tiempo y si se esfuerzan todo les será dado. Tú eres un ejemplo Marcelina para muchos. Eres un ejemplo para nosotros y por eso quiero que seas mi compañera, para toda la vida. Que compartas y acompañes mis sueños.
Marcelina ante la incredulidad y la emoción comenta:
—Pero de dónde…
—Soy el dueño del restaurante “Buena Carne”
— ¿El que está en el centro de la ciudad?
—Sí Marcelina, ese mismo.
—Pero qué bien guardado que te lo tenías. Jamás me lo hubiera imaginado, porque nunca diste ninguna señal de que tuvieras dinero. Es más pensé que eras un hombre pobre…
—Era pobre Marcelina, porque yo solo tenía dinero. Cuando te conocí me hice millonario. Porque me enseñaste que el valor de las personas no la dan las cosas materiales, si no los valores, el respeto, la generosidad, la empatía... Ahora puedo decir que soy millonario porque aprendí contigo todas estas cosas y lo más importante que lo aprendieron también mis hijos.
¿Entonces? ¿Aceptas que sea tu compañero del camino para toda la vida?
Marcelina intrigada y asombrada pregunta:
— ¿Qué va a pasar con “Rincón de Sueños” si acepto?
—Seguiremos haciendo las mismas cosas que hasta ahora Marcelina. Seguiremos adelante ayudando a los que más necesitan. Quizás ya no con nuestras manos, pero podría pagar horas extras a mis empleados para que los que desean puedan venir a trabajar aquí a ayudar con este proyecto tan lindo. Podrías dirigirlo para que se cumpla con las metas para la cual fue creado. No lo abandonaremos, al contrario proveeremos de lo necesario para que siga adelante, funcionando como debe. Porque yo quiero seguir aprendiendo junto a mis hijos.
Y ahora, si aceptas, nos están esperando el en restaurante con todas las mesas nuevas y arregladas para festejar esta unión, a ti y a estos compañeros que tanto supieron hacer para que el proyecto funcione. Era una sorpresa. Quería darte esta sorpresa como regalo por todo lo que me enseñaste.
Marcelina se acerca, le da un beso y dice:
— ¡Si, acepto! Acepto que seas mi compañero de vida.

Posdata: Uno nunca sabe lo que la vida nos tiene preparada. Por eso, siempre compórtate con respeto hacia los demás. Pon en alto tus valores y sonríe, pues nunca sabes quien se va a enamorar de tu sonrisa.






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21 de diciembre de 2018

Poemas cortos a la Navidad

Ya se siente el espíritu navideño en las calles. Las casas decoradas con el arbolito, con muérdagos y guirnaldas. Y las mesas preparadas esperando la llegada de la Navidad.















NAVIDAD ES AMOR
(Arjona Delia)

Hay alegría en las calles
llegaron las navidades
y el festejo por doquier.
Ya se reúnen las familias,
preparando la vigilia,
¡que Jesús ya va nacer!

Recordamos aquel día,
que del vientre de María,
nació aquel niño en Belén.
Ya suenan las campanadas,
las mesas ya preparadas,
¡y la familia también!

Con profundo sentimiento,
hacemos un juramento,
y damos gracias a Dios.
Que siempre paz profesemos,
nuestro prójimo ayudemos,
¡y al rencor decirle adiós!

Una noche de armonía,
donde reine la alegría,
cultivemos el perdón.
Que los besos, los abrazos,
fortalezcan nuestros lazos,
¡la Navidad es amor!






Poema publicado en el libro "Reflejos de mi Ser" de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright © 18 de Diciembre 2018 
by Arjona Delia






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 NAVIDAD ES PAZ













Es noche de llamamiento,
celebrar la navidad,
recordar el nacimiento
¡Cristo nuestra santidad!
Es una fecha importante
para que el mundo celebre,
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Tiempo de paz

Poemas de Navidad










Navidad está presente,
paz y unión en el hogar,
una noche diferente,
es momento de pensar.
Noche mágica el ambiente
trae un mensaje de paz,
se reúne toda la gente,
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Poemas De Navidad

poemas+navidad+brindis+año+nuevo+copas+jesus 


 En esta navidad te deseo
que la salud, el amor, la paz
y que el trabajo estén en tu hogar,
que por todos puedas brindar.

En esta navidad te deseo
que se cumplan todos tus sueños,
que tu futuro tenga esperanza,
y alcances sueños y proyectos

En esta navidad te deseo
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7 de diciembre de 2018

Poemas cortos al campesino de la tierra

El laborioso campesino siempre la semilla y espera las gloriosas lluvias, que humedecen la tierra y hacen crecer brotes tiernos en el campo. Cuida el fructífero suelo con esperanza de una buena cosecha. Y agradece el milagro cuando recoge sus abundantes frutos.

poemas cortos al campesino





EL CAMPESINO
(Arjona Delia)

Cuando siembra la semilla
el paisano se arrodilla
¡y le agradece al señor!
En el tiempo de labranza
la tierra le da esperanza
con el fruto de su labor.

En momento de cosecha
el producto se aprovecha,
lo recoge con sudor.
Denodado y laborioso,
su trabajo generoso
lo hacen gran triunfador.

Siempre implora al cielo
la lluvia para su suelo,
que humedezca la raíz.
Si la semilla germina,
el campesino se inclina,
porque crecerá el maíz.

Es su esfuerzo cotidiano,
el trabajo de sus manos
sacrificio y sudor.
El humilde campesino
con su sentir tan genuino
¡le agradece al creador!







Poema publicado en el libro de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©10/11/2018 by Arjona Delia





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Poemas al campo y al campesino 



Poemas al campesino












Homenaje al campo
(Arjona Delia)

El campo es aquel paisano
que en invierno y en verano
se levanta a trabajar.
El campo es la esperanza,
cuando el hombre con confianza,
la semilla va sembrar.
El campo es aquel arado
que en la tierra ha caminado,
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Poemas Al Campesino












En las mañanas frías y heladas
y bajo los rayos del sol,
se levanta de madrugada,
a trabajar el sembrador.

Siembra la semilla en la tierra,
cosecha también su producción,
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Poemas Cortos Al Campesino












Siembra la tierra mojada,
con su canto y su labranza,
y florece la semilla,
de la vida y la confianza.
La tierra da la cosecha,
el viento la flora y fauna,
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30 de noviembre de 2018

Prosa poética: Cómo hallar la felicidad



CURA TU ALMA
(Arjona Delia

Yo te vi llegar cubierta de rocío, con los pies descalzos y muertos de frío. Tus alas rotas, cual pájaro malherido, sin poder volar y sin alimento en tu pico. Y recogí tus pedazos del piso, te acomodé en un rincón y te proporcioné abrigo.
Te quité la oscura venda que cubría tus bellos ojos y te señalé el sendero que conduce a nuevos destinos.

















Cuanto te vi en penumbras comprendí que mi misión era cuidarte, que pudieras ver la luz brillante y sanaran tus  maltrechas heridas.
Tardaste un buen tiempo en recobrarte del frío hastío, pero te hiciste fuerte, sacudiste tus frágiles alas y volaste conmigo. Y de ese débil pájaro malherido solo queda el recuerdo lejano, perdido en el olvido.
Te pusiste de pie, y recobraste las fuerzas, como un soldado, un valeroso guerrero que lucha para seguir adelante.
Y hoy me acompañas silenciosa, rozagante; eres mi nueva alma, que sus punzantes heridas ha logrado cicatrizar.
Vislumbro la serena paz más allá de la vida y sigo tallando en mi interior palabras de aliento, que fortalecen a ese pájaro mal herido, lo cuidan y lo sanan. Esa sanación se refleja en mi tranquilo rostro, en mi tersa piel y en mi aplacada voz. Porque comprendí que mi existencia se nutre con mis sabias palabras, mis bellas acciones y mis claros pensamientos.
Por eso escucho suaves melodías que me permiten dibujar un glorioso atardecer, por eso amo y seguiré amando.
 La vida está llena de cosas que pretenden herir el alma para que no tengas más ganas de volar.
Cuando veas tu pájaro mal herido, no salgas corriendo rauda a esconderte, bríndale un vehemente abrigo; sé valiente y escucha el sonido de tu voz. Cuida tu alma, cuida tu mente y persigue tus sueños.
Ya no hay misterios, ni mensajes ocultos, todo es armonía cuando estamos verdaderamente en paz. Lo comprendí justo a tiempo y por eso no dejaré que mi alma esté herida, le brindaré el abrigo, le quitaré la oscura venda y quitaré las piedras de su camino.
Porque de eso se trata la vida, de buscar en cada rincón las tranquilas sendas que nos conducen hacia la infinita felicidad y hacia nuevos destinos.
La felicidad se cultiva en tu interior, no dependen de quien esté a tu lado, en cada sentido beso, en cada sincero abrazo, en cada sentimiento puro que expreses con el corazón se reflejará el verdadero amor, que inundará de felicidad tu interior y tu alma rebosará de alegrías y sanarán todas tus heridas.








Prosa poética publicada en el libro de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©26/09/2018 by Arjona Delia





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27 de noviembre de 2018

Poemas a Salta en Décimas

Salta la linda nos ofrece sus más lindos paisajes en la altura. Con su tren a las nubes nos invita a recorrerla. Si andas de paseo por allí, no te olvides las empanas o los tamales con un buen vino salteño.






























SALTA LA LINDA
(Arjona Delia)

Mi salta, bella y andina
de los calchaquíes valles
de sus sierras, de sus calles
de mi gloriosa Argentina.
De Jujuy es la vecina,
si te gusta la aventura
te elevará a las alturas,
a las nubes, en su tren,
va en subida en el andén
de su exultante cultura.

Orgullo fue el general
Don Martín Miguel de Güemes,
y si a la altura no temes:
Abra de Acay, colosal.
Aguas Blancas, colonial,
campo imponente y colores
perfumando agrestes flores,
estarás tocando el cielo,
de un cóndor que en gentil vuelo
hará que de él te enamores.

Humita, locro, tamales,
buena empanada salteña,
un “Cafayate” en la peña,
bailecitos, carnavales.
Zambas, bombos musicales,
la alegría es mi reporte,
al folklore dan su aporte
gauchos cantores del alba...
¡Tradiciones a mansalva!
¡Salta, la linda del norte!






Poema publicado en la Antología "Argentina en décimas.
Todos los derechos reservados.
Copyright ©31/10/2018 by Arjona Delia





TODOS LOS POEMAS POSEEN DERECHOS DE AUTOR.

Attribution No Derivatives cc by-nd Esta licencia permite la redistribución, comercial y no comercial, siempre y cuando no sea alterada en lo absoluto dando crédito al autor.







Decimilla 













FUE EN UN BAILE (Decimilla)
(Arjona Delia)

Noche traicionera
oscura, tramposa
creía era hermosa
y era re fulera.
Él anda ahí afuera
buscando un doctor
hoy tiene terror,
se escucha su queja,
Continuar leyendo el poema... 


Décimas espinelas 














EL AMOR ES PRIMORDIAL
(Arjona Delia)

Aprender a caminar,
no desviarse del sendero,
no importa si sos primero,
lo importante es intentar.
No te olvides de soñar,
siempre sé buena persona
aquel que ama y que perdona,
pues no esperes un segundo,
Continuar leyendo el poema...



Décimas espinelas de amor 













UN VIAJE ROMÁNTICO
(Arjona Delia)

Quiero invitarte a viajar
partiremos cuando quieras,
durará una vida entera
¡yo te invito a disfrutar!
Pero no quiero esperar,
al avión nos subiremos,
y muy lejos nos iremos,
y si te faltará oxígeno
Continuar leyendo el poema...

















COMPARTIR
(Arjona Delia)

Si decides compartir
crecerán grandes tus alas
en las buenas y en las malas
tu misión vas a cumplir.
Y te vas a divertir
contagiando tu alegría
Continuar leyendo la décima...

















LA ESPINELA (Acróstico)
(Arjona Delia)

La décima es un gran arte,
A las letras enaltece,
En esta tierra florece,
Se difunde, se comparte.
Porque es guía, estandarte,
Improvisar apasiona,
Nace en la mente y corona
Continuar leyendo la décima...




















CUANDO YA NO ESTÉ
(Arjona Delia)

Cuando mi sangre derrame,
cuando el fuego me condene,
y la muerte me cercene
o cuando el creador me llame.
Cuando desde el vientre exclame
por el agua de la vida








poemas a la noche















  NOCHE  
(Arjona Delia)
Me pregunto y miro al cielo
¿qué magia esconde la noche?
La luz de la luna es broche
siempre alumbra nuestro suelo.
En ellas hallo consuelo ,


23 de noviembre de 2018

Poema contra la violencia de género

Prisionera, así se siente, y arrastra sus pesadas cadenas que le quitan libertad. Victima de un hombre violento que se embriaga en el licor. Ya no tiene noches, ni días y vive en agonía.

Poema contra la violencia de género



















¡NUNCA VA A CAMBIAR!
(Arjona Delia)

Arrastra pesadas cadenas,
porque un hombre la cercena
y le quita libertad.
Cuando el maltrato comienza
se esconde, por la vergüenza,
¡y todo es oscuridad!

Un hombre vil y mezquino
derrocha adicción al vino,
y se embriaga con licor.
Él la enferma con sus celos,
y la arroja contra el suelo,
ella habita en el terror.

Llora en la noche, rendida,
por los golpes de la vida,
hostigada, con temor.
Con su alma dolorida
angustiada, afligida,
¡va perdiendo su valor!

Su corazón malherido,
no soporta más castigo,
acurrucada al rincón.
Un descarado salvaje
le devora su coraje,
¡pues la asecha cual león!

Le anula sus deseos,
la convierte en su trofeo,
creyéndose superior.
Y por medio de violencia
también le exige obediencia,
¡y le infunde gran terror!


Pide perdón, afligido,
siente culpa, malherido
y la trata de besar.
Justifica sus engaños
promete no hacer más daño
¡pero nunca va a cambiar!






Poema publicado en el libro "Reflejos de mi Ser" de Arjona Delia
Todos los derechos reservados.
Copyright ©23/11/2018 by Arjona Delia






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Poema contra la violencia

poema ni una menos











DE AMOR SE DISFRAZA
(Arjona Delia)

Cuando empieza el descontento
se le olvida en un momento
el respeto y el amor.
Y con sus celos se enfrenta
juzgando su vestimenta
¡y aparece el mal humor!
Y comienza la amenaza,
aunque de amor se disfraza,



Poema contra la violencia a la mujer

Poema ni una menos












ES HORA DE CAMBIAR
(Arjona Delia)

Soledad, dolor y abismo,
todos los días lo mismo,
¡tristeza en su corazón!
Su cielo son nubes grises,
son angustia y cicatrices,
¡y no encuentra solución!
La consume la violencia,
la condena y la sentencia
Continuar leyendo el poema...



Poema No a la violencia a la mujer

Poema vivas nos queremos











PRISIONERA
(Arjona Delia)

Siente un nudo en la garganta,
el dolor se le agiganta,
¡sólo siente la opresión!
Se le oprime fuerte el pecho
y siente angustia en su lecho,
¡llorando en su habitación!
Son sus noches sin estrellas,
porque el hombre la atropella,
Continuar leyendo el poema...


DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 

Poemas día de la mujer









¡RESPÉTAME!
(Arjona Delia)

No pretendas lastimarme,
tengo derecho a negarme,
no me debes silenciar.
Mi cuerpo que es sagrado
debe ser respetado,
¡no me puedes obligar!
¡Respétame!
¡No me humilles y sometas!
Me arrinconas y me aprietas
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POEMAS A LA MUJER 






RESPETO Y AMOR
(Arjona Delia)

¿Qué será que está pasando?
A ellas las están matando
con violencia y con crueldad.
Son mujeres sometidas,
se apoderan de sus vidas,
¡les roban su libertad!
Siempre actuando con sadismo
y con un falso machismo
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NO PODRÁN CALLAR LAS VOCES
(Arjona Delia)

 Ante crímenes atroces,
¡no podrán callar las voces!
de la gente al reclamar.
¡No queremos más violencia!
de los hombres sin conciencia,
“Ni una menos” proclamar.
Que no existan más esclavas,
que no le arranquen sus alas,


 Violencia de Género

MUJER+violencia+de+genero+mujer+golpeada+violencia+psicologica


¡NO CALLES, MUJER!

(Arjona Delia)

No calles mujer, ¡No calles!
el silencio es quien te mata
y te deja cicatrices
de aquellas, las que no sangran.
Lastiman tu cuerpo y alma,
laceran tu pensamiento,
y te vuelven indefenza
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POEMAS SOBRE EL FEMICIDIO 













NI UNA MENOS
(Arjona Delia)

Ni una menos la noticia
en contra de la violencia,
para que tomen conciencia
por reclamos de justicia.
Las leyes no benefician
por igual a la mujer,
¡lleva ella las de perder!
Si tiene niños pequeños
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