POEMAS DE UNA MUJER: Poesias de Amor Escritora Arjona Delia
Escritora Arjona Delia
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27 de septiembre de 2008

Amor tardío

Poema De Amor

Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.

Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.

Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;

Pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...





José Angel Buesa
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25 de septiembre de 2008

Poesía Pablo neruda




Puedo escribir los versos más tristes esta noche
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.






Pablo Neruda, poeta chileno (1904-1973)


25 de agosto de 2008

Caserón de amor




Las aguas del arroyo saltaban en las piedras
un caserón dormido doblaba su silueta
salpicando de tiempo, coronado de hiedra
deteniendo tormentas a pesar de sus gritas.

El revoque perdido por los vientos del oeste
mostraba la gastada quietud de sus ladrillos
y a un costado del mismo, con su figura agreste,
los aromos pintaban un cielo celeste.

Y tu y yo, como nadie descubriendo otro mundo
en nuestro amor prohibido en medio de las flores
bajo su techo oscuro, desgastado y profundo,
soñábamos la tarde de cuentos y de amores.

Y el caserón entonces, hermano y solitario,
como una antigua foto perdida en algún rollo,
nos saludaba en sombras, nos esperaba a diario
para contar historias al agua del arrollo.


Autor: León Romero

La cabaña





Cabaña en Monte Nono, traslasierras, Córdoba.


Entre plantas agrestes y pájaros del monte,
junto al pequeño lago que bordea la montaña,
allí, donde comienza la luz del horizonte,
con manos de esperanza, haremos la cabaña.

Y en el claro sendero que baja desde el valle
con los ojos abiertos, dibujando la huella
pondremos flores nuevas en diminutas calles,
con arados de lunas sembraremos estrellas.

Una canción al día será el sol del verano,
un postal de cielos, un silencio guardado,
un pastor y sus cabras desandando temprano
los caminos azules en los cerros pintados.

Enlazaremos juntos las nubes peregrinas,
Construiremos un puente junto a la enredadera,
inventaremos trenes cruzando las esquinas
y un solo calendario de amor y primavera.

Las tejas serán rojas, las paredes de nieve,
el hogar el refugio de dos enamorados,
un ventanal muy amplio para ver cuando llueve,
la ronda de las aves y el molino asustado.

Pondremos a un costado un cerco de jazmines
un mar de farolitos bajará desde el techo,
habrá una melodía de pianos y violines
y será de algodones la calidez del techo.

Un perfume de nardos llegará desde lejos,
el viento se hará sombra como si fuera un mago,
tus ojos en los míos se han de volver espejo,
en la tibia cabaña que haremos junto al lago.








Autor: León Romero

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